5. Individualidad medicamentosa

Por Iván Navas. Agosto 14, 2017

 

Individualidad medicamentosa y medicamento único

 

Como cada quien produce su propia enfermedad, lo consecuente es dar un tratamiento diferente o individual a cada enfermo, aplicando la ley de los semejantes. Si, por ejemplo, tres enfermos consultan por migraña, uno podrá ser tratado con Belladonna, otro con Bryonia y el otro con Gelsemium, según sus síntomas. De ahí que el paciente no debe considerar su medicamento como un específico para la enfermedad y compartirlo con amigos y familiares aquejados en apariencia de la misma dolencia, porque muy probablemente no les ayudará.

Para dar el medicamento indicado al paciente es necesario conocer bien los medicamentos homeopáticos, deduciendo los síntomas que caracterizan a cada uno de ellos y que los hacen únicos con respecto a los otros. La individualidad de los medicamentos es expuesta por Hahnemann en los parágrafos 118 al 120 del Organón, en donde afirma:

“Cada medicamento ejerce sobre el cuerpo humano una acción especial que no puede ser provocada de la misma manera por ningún otro medicamento (Hahnemann, 2008, pág. 257)… Los efectos sobre la salud humana de cada sustancia son extrañamente diferentes de los efectos de cualquier otra. Quien las conoce bien y las sabe valorar, puede ver con facilidad que entre ellas, desde el punto de vista médico, no existen sustancias equivalentes, no hay sucedáneos. Solo aquel que no conoce los distintos medicamentos con sus efectos puros positivos, puede aseverar que se puede tomar uno en lugar del otro y que éste es tan útil como el otro para la misma enfermedad” (Hahnemann, 2008, pág. 259).

Kent agrega:

“Algunos médicos demuestran a menudo, por las preguntas que hacen, que no han sido capaces de comprender la idea de individualización. Escogen dos síntomas o un síntoma común a dos remedios y dicen: “Ahora ambos remedios tienen este mismo síntoma, ¿cómo vamos a distinguirlos uno de otro?” Si se conoce la Materia Médica, con el arte de la individualización, en seguida se verá fácilmente la manera de obtener los síntomas generales, y así éstos serán en uno de un modo y en otro de otro, y estos síntomas generales os harán capaces de distinguir uno de estos remedios como más adaptado a la constitución, cuando los dos remedios tienen un cierto síntoma en un grado igual. Esto elimina desde luego la idea de sustitución. Si uno no obra, dicen, prueben toda la lista alfabéticamente hasta que se encuentre el correcto” (Kent, 1992, pág. 270).

Los medicamentos homeopáticos generalmente se administran en alcoholatura  (alcohol diluido con agua destilada) o en glóbulos de azúcar, pudiendo hacer pensar que siempre se recetan los mismos medicamentos; sin embargo, cada uno de ellos es profundamente diferente en su esencia energética, como se explicará más adelante. Estos componentes son solamente los medios que se utilizan para prepararlos y suministrarlos.

El verdadero homeópata, después de realizar el interrogatorio y la exploración física, revisa libros (repertorios y materias médicas) ya sean impresos o computarizados, para facilitar la búsqueda del medicamento único semejante. Este hecho puede ser interpretado por el paciente como una deficiencia del médico que no sabe qué hacer, desconociendo que con frecuencia es indispensable en la clínica homeopática recurrir a dichas consultas.

El tratamiento homeopático debe hacerse con un solo medicamento en cada prescripción, porque si el hombre se enferma en su totalidad, como una unidad, solamente se necesita para conseguir la curación un medicamento que actué en esta unidad, y no uno o varios para cada parte del cuerpo afectado, como si ellas fueran independientes. Hahnemann hace referencia al medicamento único en los parágrafos 273 y 274 del Organón, aseverando:

“En ningún caso es necesario y admisible para la curación utilizar en el paciente más de una sustancia medicinal única y sencilla en forma simultánea. No hay duda que es más adecuado a la naturaleza y sensato, prescribir para una enfermedad solo una única sustancia medicinal simple bien conocida que una mezcla de varias distintas. En la homeopatía, que es la única medicina natural simple y verdadera, no está permitido suministrar al enfermo dos sustancias medicinales diferentes a la vez” (Hahnemann, 2008, pág. 376).

Al dar varios medicamentos, ya sean alternados o simultáneos, se hace imposible continuar clínicamente el caso, porque al revisar los síntomas en la siguiente consulta, no se sabe cuál de todos los medicamentos fue el que mejoró o agravó el estado del paciente.

El medicamento único hace alusión a cada prescripción y no al curso del tratamiento, porque en su evolución pueden cambiar los síntomas y entonces cambiará necesariamente el medicamento.

Antes de Hahnemann, Paracelso también aconsejaba el remedio simple y criticaba las preparaciones compuestas, afirmando:

“Porque es una desesperada esperanza ordenar muchos simples en una prescripción, porque la pobre gente cree que debido al número, habiendo muchos, si uno no ayuda, ayudará otro… Ahora en las boticas no hay remedios: simplemente hay aquellos remedios cocinados todos juntos como una sopa sucia, donde el arcano (remedio) es ahogado en este cocido y no tiene efecto” (Marzetti, 1976, pág. 29).

Al utilizar varios medicamentos homeopáticos mezclados comercialmente en un mismo frasco, no se hace homeopatía, debido a que el conocimiento de los síntomas de cada medicamento (patogenesia) se ha obtenido experimentándolo solo; estas mezclas producen síntomas diferentes que desconocemos porque no se han experimentado en el hombre sano de esta manera y, por lo tanto, al emplearlas, ya no cumplirán con la ley de los semejantes.

Un hecho que asevera que los síntomas que produce una mezcla no son iguales a la suma de los síntomas que produce cada uno de sus componentes es el del Hepar Sulphuris Calcareum, que se compone de partes iguales de azufre (Sulphur) con carbonato de calcio (Calcarea Carbonica). En este caso, como en otros medicamentos homeopáticos, su uso se hace legítimo porque ha sido experimentado de manera compuesta.

Dar un medicamento por vez no es tarea fácil, requiriéndose de mucho estudio y dedicación. Por eso con frecuencia los médicos terminan haciendo una homeopatía equivocada, yendo en contra o no aplicando todos sus principios. Los médicos que utilizan la “homeopatía” pueden clasificarse en:

1. Omnipracticantes: Realizan todo tipo de técnicas terapéuticas extraídas de diferentes medicinas como la acupuntura, naturopatía, terapia neural, homeopatía, etcétera, argumentando que unas complementan a las otras. En las verdaderas enfermedades, es decir, las que tienen un origen dinámico (como se explicará más adelante), la homeopatía es suficiente para curar (en afecciones todavía curables) y no necesita de otras terapéuticas que la complementen a ese nivel. Solo puede necesitar complementarse en las enfermedades causadas por malos hábitos de vida sean físicos o mentales, de la fisioterapia, la nutrición o la psicología; y en las afecciones mecánicas como los traumatismos, de una intervención igualmente mecánica como la cirugía. Esta última también se hace útil para estados muy avanzados de la patología o ya incurables.

Comenta Eduardo Lasprilla (Médico homeópata colombiano):

“Respecto “al tema de las “terapias integradas”, nos vamos a encontrar con mucha gente que “lo sabe todo”. Hacen acupuntura, homeopatía, fitoterapia, quiropraxis, electroacupuntura, terapia neural, y ¡válgame Dios! quien sabe cuántas cosas más. Y pueden engañar a más de un insensato con esta “solemne gama de conocimientos”. Pero preguntemos a un gran acupuntor cuánto tiempo le ha llevado el estudiar la acupuntura, y él responderá: “toda una vida”. Y hagámosle la misma pregunta a un maestro de la homeopatía y él responderá: “toda una vida””.

“¿De dónde pues ha sacado toda esta gente tanto saber en tan poco tiempo de vida? Es obvia la respuesta: de ninguna parte. Entonces lo poco que saben de acupuntura los limita en su praxis médica, teniendo que recurrir a la homeopatía, que también saben muy poco, quedando igualmente limitados. Y así sucesivamente recurren a toda la gama de terapias que conocen igualmente poco. Esto los lleva a la repudiable práctica de mezclarlo todo, dándoles ribetes de seriedad bajo el pomposo título de “terapias integradas””.

“Y si por casualidad tienen un golpe de suerte con una terapia determinada, después de haber fracasado con otras, inventan entonces la idea de que para tales casos es mejor la terapia neural y para tales otros, la homeopatía, etc., etc. No se percatan de que cuando así se expresan lo que hacen es proyectar sus propias limitaciones como médicos a las terapias que dicen conocer” (Lasprilla, 1992, págs. 313-314).

2. Homeo-alópatas: Combinan en sus tratamientos homeopatía y alopatía, ya sea por inseguridad en la acción de los medicamentos homeopáticos o porque consideran que cada terapéutica actúa mejor para determinados síntomas. Situación distinta es cuando el homeópata unicista, por dependencia o incurabilidad del paciente, se ve obligado a mantener un medicamento alopático de manera temporal o permanente.

3. Pluralistas: Dan solamente homeopatía pero con una tendencia organotrópica, es decir, un medicamento para cada síntoma u órgano, formulados ya sean alternados o al mismo tiempo. Dentro de estos, aunque más alejados de la ortodoxia homeopática, se encuentran los complejistas, que utilizan medicamentos con nombres comerciales, conteniendo cada uno de ellos numerosos medicamentos homeopáticos para un tipo de trastorno específico.

4. Unicistas: Prescriben solo un medicamento para la totalidad sintomática del enfermo. Dentro del unicismo existen homeópatas con un enfoque más trascendental que procuran la curación, no solo del individuo, sino de la especie, tratando las enfermedades crónicas miasmáticas.

Concretando, en este capítulo de la individualidad medicamentosa se hizo alusión a tres aspectos: a la individualidad del tratamiento, a la individualidad de los medicamentos y al medicamento único.

Para una síntesis del tema, ver el “Resumen de los principios o fundamentos de la homeopatía“.

 

 

 

Referencias

Hahnemann, S. (2008). Organón del arte de curar. (R. Pirra, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Copyright RGP.

Kent, J. (1992). Filosofía Homeopática. New Delhi, India: Jain Publishers.

Lasprilla, E. (1992). Epistemología y medicina. Un estudio de la naturaleza humana. Barranquilla, Colombia: Antillas.

Marzetti, R. (1976). Lo Fundamental en Homeopatía, su Teoría y Práctica. Buenos Aires, Argentina: Climent.