Los diagnósticos

Por Iván Navas. Agosto 26, 2017

 

 

Los diagnósticos son las conclusiones que se derivan del estudio y la comprensión integral del paciente, realizados después de haber jerarquizado los síntomas. Según Sánchez Ortega, deben elaborarse los siguientes tipos de diagnósticos: nosológico, individual, miasmático, integral y medicamentoso.

 

1. Diagnóstico nosológico o sindrómico

Es el diagnóstico de la enfermedad, tal como la denomina la escuela alopática. A pesar de que no es el que determina el tratamiento homeopático, nos sirve para:

1. Usar el lenguaje que exigen las instituciones (Sánchez, 1992, págs. 546-547).

2. Orientar el uso de exámenes de laboratorio y de gabinete, en los casos necesarios.

3. Complementar las indicaciones de la higiene y la dieta, por ejemplo, en las infecciones señalando los cuidados necesarios para disminuir los contagios, o en la dieta de diabéticos, hipertensos, etc.

4. Utilizar medios o terapias complementarias como la cirugía (en caso de una apendicitis, aborto incompleto, etc.), fisioterapia, psicología, etc.

5. Conocer el grado de extensión y profundidad del desarrollo del desequilibrio vital en el plano material.

6. Advertir el tipo de enfermedad según la clasificación homeopática (traumatismo, indisposición, esporádica, epidémica, miasmática aguda, agudización miasmática, miasmática crónica, seudomiasma y crónica artificial). El definir el tipo de enfermedad que está presentando el paciente orienta en el tratamiento a seguir.

7. Determinar cuáles son los síntomas comunes de la enfermedad y los característicos del enfermo.

 

2. Diagnóstico individual

Es saber quién es el enfermo, especificando:

1. Su personalidad, máscara o revestimiento, que ha elaborado por necesidad para convivir con sus semejantes, y que pide ser reparada cuando se deteriora; o que ha tenido que adoptar por imposición social, del medio familiar, del trabajo, etcétera, y que desea ser destruida o cambiada (Sánchez, 1992, pág. 547).

“Será como a semejanza del sacerdote que se ha dejado subyugar por una aparente vocación, alimentada por el misticismo de sus padres y que en los primeros años de su ejercicio lucha intensamente por mantener sus votos de obediencia y castidad y sucumbe ante la evidencia de su gran tendencia e impulso a la vida seglar y común y en la necesidad de renuncia absoluta a sus compromisos y votos sacerdotales” (Sánchez, 1992, pág. 548).

2. Su individualidad, lo más profundo de su ser, sus más íntimos anhelos (Sánchez, 1992, pág. 547).

“Del paciente necesitamos conocer cuatro cosas básicamente de su individualidad: dónde, cómo, cuándo y quién. ¿Dónde está sufriendo?, ¿Cómo está sufriendo?, ¿Desde cuándo está sufriendo? y ¿Quién está sufriendo? Este último es el más importante, ¿A quién vamos a curar?” (Sánchez, 2000, pág. 6).

3. Su “hoy” (reafirmándolo), y su “síntoma rector”, es decir, el síntoma característico que mejor lo defina o lo describa en su estado anómalo actual de existencia (Sánchez, 2000, pág. 18), que se deducen de la comprensión del paciente (en su personalidad e individualidad).

 

3. Diagnóstico miasmático

Debe precisarse:

1. Lo miasmático del hoy (en lo mental, general y particular), especificando primero el miasma predominante y luego los sucesivos, si existen. El miasma predominante es la enfermedad crónica miasmática más activa que produce el mayor sufrimiento al paciente, no en cantidad de síntomas, sino en su importancia o jerarquía.

“Observamos cual es el miasma predominante, primero, a través del síntoma rector y la importancia jerárquica del hoy del paciente; y segundo, por el cotejo (o comparación) de los síntomas característicos psóricos, sycósicos y syphilíticos para ver que miasma es más numeroso, pero debemos recordar que esto tiene su importancia más que cuantitativamente, es cualitativamente, porque, por ejemplo, puede haber más de 20 síntomas sycósicos, sin embargo, de estos síntomas solo 4 ser generales y los demás particulares; en cambio, pueden existir 8 síntomas psóricos, pero 4 ser mentales, 2 generales y 2 particulares; además, puede haber 15 síntomas syphilíticos, pero solo 1 mental, 1 general y los demás particulares; aquí la psora es la predominante a pesar de ser inferior en número, ya que los síntomas mentales y generales son de mayor importancia” (Sánchez, 2000, pág. 10).

2. La relación entre sí de los estados miasmáticos existentes en el hoy del paciente. Puede darse que esté o estén activos o manifestándose: un solo miasma (estado simple); dos o tres miasmas, cada uno manteniendo su individualidad (estado compuesto), o dos o tres miasmas en un mismo órgano o síntoma, mezclándose (estado complejo o de intrincamiento). Es importante determinar la relación de los estados miasmáticos crónicos para valorar el pronóstico, ya que entre más intensas, profundas y enmarañadas sean estas uniones o mezclas, más incurable es el paciente, y necesitará más tiempo para conseguir la curación (ver comentario de Kent al respecto). Explica Sánchez Ortega:

“Las afecciones degenerativas son siempre el resultado de mezclas miasmáticas en actividad… El miasma si está muy aumentado o se complica con otro, vencerá fácilmente el dique que le opone la naturaleza y será patente la destrucción y el individuo irá hacia la muerte; médicamente, dentro de un padecimiento degenerativo. En toda diabetes establecida, el homeópata siempre puede detectar una psora-sycósis o una psora-syphilis, lo mismo que en una epilepsia o en una tuberculosis, en un artritismo o en una psicosis; como también puede constatar la presencia de la psora, de la syphilis y de la sycósis en todo cáncer en evolución, y que ésta evolución es en concordancia con el miasma más prevalente; un cáncer escírrico será producto de una psora-sycósis-syphilis, que aun con actividad letal son, por ese orden de predominancia (1-2-3), coproductores de la forma menos cruenta de esta temible forma de abatimiento de la vida humana. Una sycosis-psora-syphilis (2-1-3) dará un adenoma de evolución maligna más ostensible o una fibromatosis también maligna por sus ostentaciones hemorrágicas que motivarán siempre la multiplicación de sus afecciones. Un cáncer syphilítico-sycósico-psórico (3-2-1) estará representado por las formas sarcomatosas más profundas y destructivas, más violentas y terribles. Se infiere que hay tantas variedades de cáncer desde el punto de vista miasmático como variedades de constituciones con relación al aporte miasmático que presenta cada individuo, o sea, a lo que de psórico, sycósico o syphilítico tenga” (Sánchez, 1983, págs. 111-116).

 

4. Diagnóstico integral

Es “aquella conclusión para la que utilizamos todos los datos obtenidos” (Sánchez, 1992, pág. 547), incluyendo:

1. La herencia miasmática del paciente (por medio de los antecedentes heredo familiares), para deducir de donde viene.

2. La evolución de lo miasmático durante su vida, en lo físico, mental y social (por medio de los antecedentes personales y psicosociales), describiéndose todos los sucesos que ha sufrido y, a su vez, analizando los cambios miasmáticos. El estudio de la herencia y de la evolución miasmática nos sirve para determinar cuáles serán los miasmas sucesivos en manifestarse durante el tratamiento homeopático correcto.

3. La congruencia o incongruencia del “ayer” con el “ahora” del paciente respecto a la sucesión de síntomas.

“Observar que es digno de curar, buscando la congruencia del ayer con el hoy y de lo psicológico con lo orgánico propiamente dicho, para poder comenzar a formular un pronóstico y ver realmente qué es lo que debemos curar en el enfermo, si lo podemos curar, si vale la pena que lo curemos de eso, o tal vez sea mejor que no se modifique algo del paciente porque así le conviene a él, viéndolo desde el punto de vista integral, lo integral de lo superior como inferior, lo integral del ayer con el hoy, e incluso con el porvenir del enfermo” (Sánchez, 2000, pág. 11).

4. Los obstáculos a la curación.

“Los obstáculos son múltiples y debemos investigarlos tan cuidadosamente como la investigación de los síntomas haya sido hecha por nosotros; porque cuántas veces esos factores ambientales o del medio o de orden de conducta son los que han producido el padecimiento y, por supuesto, también lo sostienen, y se convierten en obstáculos de curación… El médico debe saber obrar con toda cautela y con todo acierto para descubrirlo y para destruirlo o separarlo, o para hacer que el enfermo mismo pueda eliminar estos obstáculos de curación. Hábitos alimenticios, tabaquismo, relaciones insanas, diversiones, deportes inadecuados o sedentarismo, trabajo excesivo, ritmos malos de existencia y muchos más” (Sánchez, 1992, pág. 263).

5. La intención curativa y la posibilidad curativa. La intención curativa es percibir lo que debiéramos modificar de la condición patológica y anormal que presenta el enfermo; y la posibilidad curativa es analizar si tiene suficiente vitalidad para la curación y si sus lesiones permite la modificación hacia la salud, “porque aun habiendo energía, si la patología es muy destructiva y ha producido toda una serie de lesiones o alteraciones irreversibles, si estimulamos todo ese potencial con lesiones muy grandes, vamos a precipitar la muerte” (Sánchez, 1992, pág. 480).

“Por cuanto a la intención curativa recordemos tan solo la primera frase del parágrafo tercero del Organón: “Cuando el médico percibe lo que hay digno de curar en el enfermo”. Esto señala con precisión que el médico debe ante todo, estimar las posibilidades que tiene de lograr la modificación conveniente de ese estado de existencia de su paciente, que constituye su enfermedad. ¿Va a pretender curar una lesión valvular del corazón en una persona de 70 años?, ¿o la completa curación de un niño idiota?, ¿o de una miastenia progresiva y avanzada?, ¿o pretenderá, en fin, que se resuelva médicamente un embarazo ectópico comprobado? Pero en todos estos casos y aun en otros que son eminentemente de incurabilidad o quirúrgicos, puede ayudar, puede paliar, e incluso puede tener una intención curativa con relación a las posibilidades, bien analizadas y estimadas de cada caso individual” (Sánchez, 1992, pág. 175).

“Cuando somos jóvenes, cuando comenzamos a ejercer, nos hemos entusiasmado con las posibilidades de la Homeopatía y creemos que vamos a aliviar a todas las personas, que vamos a curar a todo el mundo, y nos lanzamos. Teniendo un cuadro completo, reconociendo los síntomas y el medicamento, creemos que ya tenemos todo hecho y le damos el remedio… y nos llevamos un disgusto porque el enfermo se muere o se agrava, y lo tienen que llevar al hospital y nos lo quitan… y nosotros nos quedamos muy mal, con un resabio muy amargo, y decimos ¡bah! la homeopatía no sirve, no funcionó… y ¡no! la homeopatía si funcionó; pero el organismo no era capaz y no supimos verlo” (Sánchez, 1992, pág. 482).

“Para valorar la posibilidad curativa nos servimos de la posibilidad orgánica estimativamente considerada. ¿A qué se refiere esto? “Estimativamente considerada” se refiere al arte y a la experiencia médica… La experiencia nos va dando el material suficiente para predecir. Siempre son los motivos peculiares, personales de cada caso, los que nos hacen deducir la posibilidad curativa” (Sánchez, 1992, pág. 482).

6. Si el paciente es incurable, qué tipo de incurabilidad presenta.

 

5. Diagnóstico medicamentoso

Con el análisis de los anteriores diagnósticos ya se está en condiciones de elegir el medicamento correcto, efectuando los siguientes pasos:

1. De los síntomas característicos del hoy previamente jerarquizados, se toman en cuenta solamente los síntomas del miasma predominante, que es el primero que debe tratarse de acuerdo con Sánchez Ortega y con los médicos ya comentados en este trabajo: Hahnemann, Kent, Allen, Ghatak y Roberts.

2. De los síntomas del miasma predominante elegimos el “Síndrome Mínimo de Valor Máximo” propuesto por Paschero, o el llamado “Trípode” de Hering, que corresponde al menor número de síntomas que mejor definen esa patología del paciente, incluyendo el síntoma o los síntomas “rectores” que recomienda Sánchez Ortega.

3. Se repertorizan (ver el tema del repertorio y la repertorización) los síntomas del síndrome mínimo de valor máximo. No obstante, puede necesitarse en algunos casos ampliar la repertorización con otros síntomas, tal como lo comenta Sánchez en el siguiente párrafo:

“Con ellos puede terminar la repertorización, sin embargo, es necesario seguir con los principales síntomas particulares del mismo estado último del paciente e incluso proseguir con los que correspondan a los del miasma que esté en segundo lugar. Así mismo los del último miasma, especialmente cuando con la selección de los síntomas correspondientes al miasma dominante, no estemos satisfechos del resultado que permita una comprobación en la Materia Médica por la correspondencia del medicamento a la patología del enfermo, globalmente considerado” (Sánchez, 1992, pág. 524).

4. Se escoge el medicamento entre los primeros obtenidos en la repertorización (generalmente entre los 10 iniciales), corroborándose con la materia médica. Explica Alcover:

“Se ve la congruencia de los resultados de la repertorización y la relación de los medicamentos mayores y menores que consignan. El maestro Proceso hace la advertencia de la importancia de los medicamentos aparentemente menores resultantes en la repertorización como adecuados probablemente en los casos de agudizaciones del estado crónico y, por su correspondencia con la totalidad sintomática, menos próximos a suprimir y más próximos a hacer una curación parcial” (Alcover, 1985, pág. 14).

El medicamento y el paciente deben, de preferencia, asemejarse también en lo miasmático: “Solo la similitud profunda integral del individuo como entidad patológica constitucional, esto es miasmática, con un remedio del mismo orden, produce la verdadera homeopatía” (Ver la clasificación de algunos medicamentos conforme a lo miasmático en el cuadro 9) (Sánchez, 1983, pág. 130).

Debe tenerse presente que, según el paciente, no siempre es necesario dar medicamento, ni tampoco invariablemente el semejante, sino un parasemejante, como es el caso en los estados de incurabilidad.

La siguiente gráfica muestra los pasos a seguir para obtener el medicamento homeopático en un caso dado, producto de la jerarquización y los diagnósticos:

 

Procedimiento para el diagnóstico del medicamento homeopático
Procedimiento para el diagnóstico del medicamento homeopático

 

 

 

Referencias

Alcover, G. (1985). Conceptos Doctrinarios y Observaciones Clínicas en la Medicina Homeopática Introducidos o Desarrollados por el Maestro Proceso S. Ortega. México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Sánchez, P. (1983). Apuntes sobre los Miasmas o Enfermedades Crónicas de Hahnemann. Buenos Aires, Argentina: Albatros.

Sánchez, P. (1992). Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica. México D. F.: Novarte.

Sánchez, P. (2000). Puntualización de la Clínica Integral Homeopática, Considerando lo Miasmático – Cuernavaca, Morelos, 1990. En P. Sánchez, Aplicación Práctica de la Clínica Integral Homeopática Considerando lo Miasmático (págs. 1-24). México D. F.: Homeopatía de México A. C.