La potencia

Por Iván Navas. Agosto 27, 2017

 

 

Luego de haber encontrado el medicamento conveniente al sufrimiento del paciente, se debe analizar a que potencia darlo para que actúe como su simillimum. Como dice Sánchez Ortega: “Si la dosis no es la indicada, todo lo anterior puede ser inútil” (Sánchez, 2003, pág. 225). Al respecto, Stuart Close señala:

“Bajo los principios homeopáticos cualquier potencia puede ser requerida en cada caso. Es tan ilógico esperar a curar todos los casos con dos o tres potencias, así como se esperaría curar todos los casos con dos o tres remedios. En uno u otro caso, aquellos que siguen tal curso están gobernados más por el amor a la comodidad y sus prejuicios, que por su deseo de eficiencia. La elección de la dosis es tanto una parte integrante del proceso de hacer una prescripción homeopática como el de seleccionar el remedio y frecuentemente igual de importante. Un remedio bien seleccionado puede fallar totalmente, o incluso hacer daño, debido a una dosis equivocada. Tanto la dosis como el remedio deben ser ajustadas a las necesidades del paciente” (Close, Roberts, Wright, & Blackie, 1986, pág. 90).

Las potencias se dividen en bajas, medias y altas. “Se consideran bajas potencias desde la Tintura Madre (Q) hasta la 12 C.; las potencias medianas serían la 30 y la 200; dejando como altas potencias de 1M hacia arriba” (Gunavante, 2001, pág. 203). En la escala cincuentamilesimal (LM), las bajas son las menores de 0/6, las medias 0/6 y 0/12, y las altas de la 0/30 hacia arriba. Esta clasificación de las LM se deduce de la siguiente relación que hace Sánchez Ortega sobre las dos escalas:

“Se ha podido establecer una relación aproximada entre la 0/6 y 200 a 1000 C.; 0/30 y la 1000 a 10M C.; 0/60 y la 10M y 25M C.; 0/90 y la 25M y 50M C.; 0/180 y la 50M y 100M C.; 0/360 y la 100M y 1MM C.; dependiendo siempre de la susceptibilidad del individuo” (Alcover, 1985, pág. 16).

En la selección de la potencia no existen reglas porque ella depende de la individualidad de cada paciente. Solamente se encuentran indicaciones que orientan a la mejor opción, como las dadas a continuación:

“Cuando tenemos aún poca experiencia, iniciaremos la prescripción con una dosis mediana o débil con relación a los requerimientos que tomemos en cuenta del paciente. Más vale pecar de menos y no demás, para evitar los efectos temibles que nos advierte Kent en sus tres primeras observaciones después de la primera prescripción. La dosis débil se puede repetir, o podemos elevarla si no obra u obra poco. En cambio, un exceso de dosis es más difícil de remediar” (Sánchez, 2003, pág. 230).

“Será inadecuado el uso de potencias altas con intención de eliminar lo miasmático: en condiciones precarias del enfermo; ante la falta de seguridad en la completa similitud; buscando un efecto paliativo que cubra parcialmente el cuadro (en los diversos casos de incurabilidad), y ante la no correspondencia del predominio miasmático a los síntomas del medicamento elegido (si se reconoce)” (Sánchez, 1983, pág. 237).

“Cuando más intenso es el síntoma, más alta la potencia. Cuando más considerables sean las lesiones, menos alta la potencia. Cuando más álgido sea el padecimiento, más frecuente la administración del remedio. Cuanto más crónico y lentas las reacciones, más el tiempo de espera de la acción del remedio. Cuando más profunda la patología, menos alta la potencia inicial; y cuando más crónica sean las perturbaciones, más alta debe ser la dosis. Pero estas reglas prácticamente se olvidan o se deben olvidar ante la idiosincrasia de cada enfermo, todo dependerá de la percepción” (Sánchez, 2003, pág. 226).

Esa idiosincrasia o manera especial de reaccionar de cada individuo, lo es para todas las cosas, “pero muy especialmente debemos percibirla en lo que se refiere a la forma de reaccionar a los medicamentos. Hay pacientes que informarán luego, que ellos son muy sensibles a tales o cuales fármacos, o bien, a los medicamentos homeopáticos” (Sánchez, 2003, pág. 226). También se puede percibir en su forma de ser: si es sensible a toda emoción, si se ofende fácilmente, si tiende a ser irascible o es pasional; “en fin, esa susceptibilidad del carácter nos servirá un tanto para elegir la dosis” (Sánchez, 2003, pág. 227). Stuar Close añade:

“Las personas que están acostumbradas a trabajos largos y severos fuera de casa, que duermen poco y cuya comida es ordinaria, son menos susceptibles. Las personas expuestas a la continua influencia de drogas, tales como trabajadores y distribuidores de tabaco, destiladores y elaboradores de cerveza, así como todos los relacionados con la industria del licor y el tabaco, boticarios, perfumeros, trabajadores químicos, etcétera, frecuentemente poseen poca susceptibilidad a las medicinas… Los idiotas, imbéciles y los sordos y mudos, tienen como regla un bajo grado de susceptibilidad” (Close, Roberts, Wright, & Blackie, 1986, pág. 99).

Elizabeth Wright afirma:

“El grado de susceptibilidad de nuestro paciente influye en la selección de la potencia. Ciertas personas son hipersensibles (frecuentemente debido a un tratamiento homeopático inadecuado) y experimentarán cualquier remedio que usted les dé; ellos requieren, sin embargo, potencias medianamente bajas. Otros son demasiados perezosos (generalmente debido a demasiada medicación alopática). Estos frecuentemente necesitarán una potencia muy alta para tener una respuesta o podrán necesitar una potencia baja repetida cada pocas horas hasta que se inicie la reacción favorable.

Cuando los pacientes son habitualmente intoxicados por una substancia cruda, como regla general no se aconseja darla en potencia muy baja, sino que es mejor dar un antídoto en potencia alta.

En general, las enfermedades agudas responden bien a las potencias altas, específicamente de remedios agudos. Cuando están indicadas las potencias altas de medicamentos crónicos y de acción profunda en condiciones agudas, estas pueden ser peligrosas.

En los pacientes débiles, la fuerza vital puede fácilmente ser abrumada. El mayor peligro aquí es la repetición. Los pacientes robustos, cuando se enferman en forma aguda, soportarán la repetición de las potencias altas hasta que se inicie la reacción favorable, aunque el ideal es la dosis única. Los niños aceptan las potencias altas particularmente bien y, en general, los ancianos requieren potencias medianas, excepto para la eutanasia.

Ciertas crisis agudas basadas en problemas crónicos (agudizaciones miasmáticas), tales como asma cardiaca, tendrían que ser tratadas con potencias medias o bajas porque la potencia alta excitaría más allá de lo que la fuerza vital podría hacer frente a la patología crónica avanzada.

En padecimientos mentales y enfermedades de origen manifiestamente psíquico, las potencias altas (10 mil y más altas) serán empleadas, y en condiciones gruesamente materiales tales como cambios marcadamente orgánicos y patológicos se deberán de seleccionar las potencias bajas o medias.

Debe tenerse mucho cuidado en la selección de las potencias de ciertos remedios de acción muy profunda en casos crónicos serios. Por ejemplo, Kali Carbonicum en la gota; Sulphur, Silicea, Tuberculinum o Phosphorus en la Tuberculosis; Psorinum en el asma; y Arsenicum y Lachesis en muchas condiciones.

En casos crónicos incurables, a menos que la vitalidad sea muy buena y la patología aún no demasiado extrema, las potencias bajas o medianas son adecuadas, y usualmente el simillimum de acción profunda debe evitarse y dar un paliativo” (Close, Roberts, Wright, & Blackie, 1986, págs. 83-89).

Para determinar cuál escala de preparación del medicamento dar, ya sea centesimal o cincuentamilesimal (LM), son útiles las conclusiones después de muchos años de experiencia que aporta Sánchez Ortega en la aplicación de la cincuentamilesimal, como:

1. Las cincuentamilésimales producen efectos más fugaces aunque igual de profundos que las centesimales, según equivalencias.

2. Esto permite hacerlas muy adecuadas en casos agudos o agudizaciones, por la posibilidad que tienen de repetirse, incluso frecuentemente, si el caso lo amerita.

3. Convienen a pacientes con mayor sensibilidad a estas potencias, que no responden a las centesimales o son demasiado sensibles a su acción. (Alcover, 1985, págs. 16-17)

 

 

 

Referencias

Alcover, G. (1985). Conceptos Doctrinarios y Observaciones Clínicas en la Medicina Homeopática Introducidos o Desarrollados por el Maestro Proceso S. Ortega. México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Close, S., Roberts, H., Wright, E., & Blackie, M. (1986). La Clínica Homeopática. México D. F.: Offsali-G.

Gunavante, S. (2001). Introducción a la Prescripción Homeopática. New Delhi, India: Jain Publishers.

Sánchez, P. (1983). Apuntes sobre los Miasmas o Enfermedades Crónicas de Hahnemann. Buenos Aires, Argentina: Albatros.

Sánchez, P. (2003). Apuntes sobre Clínica Integral Hahnemaniana. México D. F.: Corporativo Grupo Balo.