8. Enfermedades crónicas miasmáticas

Por Iván Navas. Agosto 21, 2017

 

Enfermedades crónicas miasmáticas

 

Hahnemann se percata en su práctica clínica que a pesar de la aplicación correcta de la ley de los semejantes y de los demás principios, después de un tiempo varios pacientes volvían a enfermar de lo mismo o de alguna otra afección. El análisis constante y la investigación minuciosa durante 12 años de los antecedentes personales y familiares de los pacientes que recaían, lo lleva a descubrir que detrás de las afecciones agudas existen enfermedades crónicas que las sustentan, aún en aparente estado de salud (Hahnemann, 1999, págs. 31-32). Dice que ellas:

“Se originan de un miasma crónico[1], las cuales abandonadas a sí mismas o no dominadas con el empleo de los remedios que les son específicos, siempre van en aumento y empeorándose, no obstante el mejor régimen mental y físico, y atormentan al paciente hasta el fin de su vida con sufrimientos que siempre se agravan. Éstas, exceptuando las producidas por el tratamiento médico erróneo, son las más numerosas y la calamidad más grande de la raza humana” (Hahnemann, 2004, págs. 228-229).

Hahnemann refiere solo los siguientes miasmas crónicos o agentes infecciosos crónicos: el de la sarna[2], que genera una enfermedad crónica que llama psora; el de la gonorrea y las verrugas genitales, que forma otra que denomina sycosis; y el de la sífilis, que establece la enfermedad crónica que nombra con su mismo nombre, syphilis (Hahnemann, 1999, págs. 35-42).

El inicio de las enfermedades miasmáticas crónicas se da en tres períodos, al igual que las enfermedades eruptivas miasmáticas agudas: primero, el momento del contagio, que sucede en un instante; segundo, el de invasión, tiempo en el cual el organismo entero es penetrado por la enfermedad y, tercero, el de la manifestación del mal al exterior (en la piel), que en cierto sentido se hace cargo de la enfermedad interna, apaciguándola paliativamente (Hahnemann, 1999, pág. 58).

Los tratamientos tradicionales son dirigidos solamente contra la afección externa o el agente causal, descuidando el desequilibrio dinámico interno. Procediendo así, el médico hace que el trastorno interno aumente y el cuerpo tenga que buscar otra vía para manifestarse, que ya no será la piel (pues no se le permite), sino órganos más vitales (Hahnemann, 1999, págs. 40-42).

Esto es lo que se denomina supresión, tratar solo un síntoma externo o local sin tomar en cuenta todo el trastorno interno, es decir, la totalidad sintomática del paciente, desplazando la afección al interior o más profundamente.

En el libro “Tratado de las Enfermedades Crónicas”, Hahnemann da una extensa lista de síntomas psóricos que obtiene de los casos que trató con éxito con los medicamentos que llama antipsóricos; pero de la syphilis y de la sycosis solo da algunos síntomas aislados.

Hahnemann no tuvo suficiente vida para terminar el estudio de las enfermedades crónicas miasmáticas. Por eso varios médicos después de él han dado sus puntos de vista intentado complementar este principio, y considero que quien mejor lo continúa entre ellos es Proceso Sánchez Ortega (médico homeópata mexicano, 1919 – 2005).

Él define la enfermedad crónica miasmática como “el estado morboso constitucional resultante de la supresión antinatural o arbitraria de los fenómenos defensivos de la naturaleza que constituyen la enfermedad; es el resultado de suprimir las primo-afecciones o enfermedades primarias” (Sánchez, 1964, pág. 89).

“¿Por qué se le llama constitucional? Porque es una enfermedad trascendente… El miasma es eso: la enfermedad trascendente, la enfermedad que puede heredarse, la enfermedad que se interna y produce ya no solo una enfermedad, sino un estado de enfermedad, es decir, que ya se vive enfermo de acuerdo con las características de ese padecimiento… El miasma nos predispone a enfermar, pero no solo es eso, es también una enfermedad crónica, un estado de existencia en la patología, un estado de existencia anómalo” (Sánchez, 2012, pág. 34).

Proceso Sánchez explica cada miasma de la siguiente manera:

1. La psora es un estado morboso constitucional que “el ser humano ha producido a lo largo de sus innúmeras generaciones, en virtud de múltiples supresiones de padecimientos que han constituido sus primo-afecciones[3]. Se consideran como tales las consecuencias de las trasgresiones a las limitaciones que la propia naturaleza le impone al ser humano” (Sánchez, 1992, pág. 423). En la psora el principio vital está afectado de tal manera que genera síntomas en deficiencia o en “hipo”, es decir, de hipofunción en lo funcional, de hipotrofia en los órganos y de inhibición en lo mental (Sánchez, 1983, pág. 75).

“El psórico se presentará tímido o reservado, lacio o indiferente; descubriremos su posible irritación y su pasajera excitabilidad que le dejen agotado pronto o tardíamente, pero que él siempre presiente o intuye; frío y sensible, delicado por su natural poca resistencia; lento por naturaleza así sea para determinar o decidirse, como para actuar y lograr; reflexivo a cambio de su falta de presteza; lleno de ansiedad que le hace suave a sus manifestaciones y le atraen la protección, la consideración y el afecto; se quejará de falta de digestión, de calor, de grasa en su piel, de erección, de memoria, de paz. Trastornos nutricionales serán evidentes en él desde su nacimiento; podemos reconocerlo en su escaso desarrollo o bien en un acúmulo desatinado de grasa; su tendencia a enfriarse, su dificultad para alimentarse, esqueleto defectuoso, tardía osificación, dentición y deambulación; prontas caries, piel débil, erupciones, comezones, falta de apetito o de asimilación, de digestión” (Sánchez, 1983, pág. 76).

2. “La sycosis es el estado morboso constitucional resultante de la supresión arbitraria y antinatural de los flujos, de las afecciones catarrales y eliminativas, de las secreciones anormales producidas por los excesos” (Sánchez, 1983, pág. 83). El principio vital en este estado manifiesta síntomas en exceso o en “hiper”, provocando hiperfunción en lo funcional, hipertrofia en los órganos, y expansión en lo mental (Sánchez, 1983, pág. 85).

“El sycósico quiere escapar, su codicia lo hace querer esconderse, desconfiado y susceptible, que cuando se enfada grita o chilla; siempre está precipitado. Tanto en su pensamiento como en sus movimientos y en su mente las ideas se agitan y se suceden en afluencia que lo tornan alucinante, fantasioso y petulante, inconsistente, voluble, caprichoso, susceptible a los cambios atmosféricos, agravado al anochecer, propenso a las efusiones. Sus dolores son, como sus síntomas mentales, cambiantes y erráticos, pinchantes, insoportables. Tendrá siempre necesidad de moverse, de cambiar de posición, de buscar otro sitio. Es inestable en todos los aspectos… tendrá la tendencia a la acumulación lo mismo en su esqueleto que en su piel. Producirá lo mismo una nudosidad artrítica que una callosidad, una hipertrofia amigdalina que un quiste ovárico” (Sánchez, 1983, págs. 83-86).

3. “La syphilis es el estado morboso constitucional resultante de la supresión arbitraria y antinatural de las afecciones chancrosas y ulcerosas”. El principio vital en este estado de desequilibrio produce síntomas en destrucción o en “dis”, manifestando disfunción en lo funcional, atrofia en los órganos, y destrucción o agresión en lo mental (Sánchez, 1983, pág. 91). En el paciente syphilítico:

“Reconoceremos el rencor, el odio, el deseo de matar o suicidarse, de destruir, la evidencia de maldad, el furor y la rabia solapados o prontos a estallar… Sentirá que se quema; la noche es propicia a la manifestación de todos sus desequilibrios, tanto sus delirios y ofuscaciones como a sus dolencias terebrantes, lacerantes, compulsivas y espasmódicas. En su cuerpo la tendencia a la ulceración principia el estado degenerativo que conduce a las hemorragias. (Sánchez, 1983, pág. 94)… Podrá sufrir de caquexia, cianosis, apoplejía, atrofias glandulares, formación de abscesos, formación de caries de los huesos, fístulas, malformaciones, estados espasmódicos y convulsivos, parálisis, estados degenerativos, etc.” (Sánchez, 1992, pág. 443).

Proceso Sánchez Ortega fundamenta su teoría de que la psora es la carencia o el “hipo”, la sycosis el exceso o el “hiper”, y la syphilis la perversión o el “dis”, en el concepto de que “toda alteración de la célula y por lo tanto de los tejidos, órganos y del organismo en la totalidad, depende siempre de un trastorno inicial de la nutrición” (Sánchez, 1992, pág. 451).

La célula se puede nutrir de manera incompleta, excesiva o incorrecta. La hiponutrición produce síntomas en el defecto, tanto en lo físico como en lo mental; la hipernutrición lógicamente lo contrario, produce síntomas en el exceso; y el alimento extraño e inadecuado, síntomas en la perversión (Sánchez, 2003, págs. 322-323). Y en la fisiopatología como en la clínica, solamente encontramos en los síntomas estos tres tipos de alteraciones: el defecto, el exceso y la perversión (Sánchez, 2000, pág. 29).

Y Sánchez Ortega atribuye el defecto a la psora, el exceso a la sycosis y la perversión o destrucción a la syphilis, argumentando que la syphilis de Hahnemann es destrucción como se observa en su manifestación primaria del chancro ulceroso; la sycosis es exceso como son sus lesiones primarias de verrugas y flujos, y que la psora es todo lo restante, es decir, el defecto (Sánchez, 2003, pág. 323).

No todas las enfermedades crónicas son naturales o miasmáticas. Hahnemann comenta de dos tipos más de enfermedades crónicas: las artificiales y las aparentes. Las enfermedades crónicas artificiales son las causadas por tratamientos alopáticos e intoxicaciones medicamentosas administradas en grandes y progresivas dosis, siendo las más deplorables y las más incurables. Las enfermedades crónicas aparentes son estados de mala salud que los mismos enfermos se ocasionan por exponerse continuamente a influencias nocivas, como alimentos y bebidas dañosas, excesos o deficiencias de cosas necesarias para el sostén de la vida, viviendas insalubres, falta de ejercicio, trabajo mental o físico excesivo, preocupaciones constantes, etc. (Hahnemann, 2008, págs. 217-222).

Para una síntesis del tema, ver el “Resumen de los principios o fundamentos de la homeopatía“.

 

 

[1] La palabra miasma generalmente es definida por los diccionarios como un efluvio dañino que desprenden cuerpos enfermos, materias en descomposición o aguas estancadas. Como en los tiempos de Hahnemann no se habían descubierto los microorganismos patógenos, se utilizaba el término “miasma” para referirse a un “agente contagioso” que generaba enfermedad. Sin embargo, para el fundador de la homeopatía este contagio siempre era de tipo dinámico (Hahnemann, 1999, pág. 59).

[2] En la época de Hahnemann se le llamaba sarna no a la afección que conocemos ahora; la sarna era toda una serie de padecimientos que tenían por característica comezón y costras supurantes en todo el cuerpo, que se transmitían con facilidad y que duraban años y años, por lo que muchas de las entidades dermatológicas actuales corresponderían a aquella sarna antigua, e incluso a una determinada forma de lepra (Sánchez, 2012, págs. 35-36).

[3] Como las afecciones pruriginosas de la piel.

 

 

Referencias

Hahnemann, S. (1999). Las Enfermedades Crónicas, su Naturaleza Peculiar y su Curación Homeopática. (C. Viqueira, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Tomás P. Paschero.

Hahnemann, S. (2004). El Organón de la Medicina. (D. Flores Toledo, Trad.) México, D. F.: Instituto Politécnico Nacional.

Hahnemann, S. (2008). Organón del arte de curar. (R. Pirra, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Copyright RGP.

Sánchez, P. (1964). Miasmas Crónicos de Hahnemann. Conferencia llevada a cabo en la Primera Asamblea General de Homeopatía de México (págs. 87-97). México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Sánchez, P. (1983). Apuntes sobre los Miasmas o Enfermedades Crónicas de Hahnemann. Buenos Aires, Argentina: Albatros.

Sánchez, P. (1992). Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica. México D. F., México: Novarte.

Sánchez, P. (2000). Curso de Puntualización de Clínica Integral Considerando lo Miasmático – Puebla, Puebla, 1992. En P. Sánchez, Aplicación Práctica de la Clínica Integral Homeopática Considerando lo Miasmático (págs. 1-61). México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Sánchez, P. (2003). Apuntes sobre Clínica Integral Hahnemaniana. México D. F.: Corporativo Grupo Balo.

Sánchez, P. (2012). Miasmas. La Homeopatía de México, 81(677), 31-37. Obtenido de http://www.similia.com.mx/index.php?sec=revista