Resumen de los principios o fundamentos de la homeopatía

Por Iván Navas. Agosto 22, 2017

 

Los principios, bases o fundamentos de la homeopatía

 

Los principios, bases o fundamentos que cimientan la doctrina homeopática son:

  1. Natura Morborum Medicatrix.
  2. Ley de los semejantes.
  3. Experimentación pura.
  4. Individualidad morbosa.
  5. Individualidad medicamentosa.
  6. Dosis mínima.
  7. Principio vital.
  8. Enfermedades crónicas miasmáticas.

A continuación se resumen cada uno de ellos.

 

1. Natura morborum medicatrix

El “natura morborum medicatrix” hace referencia al aforismo hipocrático de que la naturaleza de cada ser vivo es la que realiza la curación de las enfermedades y que el médico es solo un auxiliar del enfermo.

La manera como la naturaleza del enfermo reacciona para alcanzar la curación o mejorar su estado de enfermedad, es por medio de síntomas. Por lo tanto, deben ser respetados y no suprimidos bajo el argumento de ser molestias inconvenientes o innecesarias.

Algunos ejemplos de síntomas que la medicina tradicional reconoce como respuestas curativas son: la inflamación, donde el cuerpo encierra, calienta y destruye los agentes infecciosos o los cuerpos extraños; la tos, como un mecanismo de protección que despeja las vías respiratorias; y el vómito y la diarrea, para expulsar del aparato digestivo agentes patógenos o irritantes (Ullman, 1990, págs. 30-31).

En las enfermedades crónicas, los síntomas también son mecanismos de defensa de la naturaleza que, ante la imposibilidad de conseguir la curación por sí misma, localiza la afección en un órgano o función, induciendo la destrucción y sacrificio de la parte afectada del organismo, para así conservar la vida del paciente. De ahí que, en las afecciones crónicas (y en los casos de enfermedades agudas severas), es necesario ayudar a la naturaleza en su labor curativa, ya no solo de una manera pasiva (higiene), sino dinámicamente por medio del medicamento homeopático, equilibrando sus funciones (Hahnemann, 2008, págs. 91-99).

 

2. Ley de los semejantes

Si la naturaleza es la que cura o trata de curar las enfermedades por medio de los síntomas, es de esperarse un tratamiento que actué en la misma dirección de ella, como lo hace la homeopatía al aplicar la ley de los semejantes.

Esta ley dice que las enfermedades se curan con sustancias que producen efectos semejantes a los síntomas de la enfermedad. Por ejemplo, para curar la diarrea se da un medicamento que produce diarrea; para la tos, un medicamento que ocasiona tos; para el dolor, un medicamento que provoca dolor. El paciente así sana y no agrava, como podría pensarse, debido a que el medicamento es dado en pequeñas dosis, que es otro de los principios homeopáticos que se describe más adelante.

 

3. Experimentación pura

La experimentación pura es el procedimiento para descubrir las propiedades curativas de las sustancias naturales. Es experimentación, porque constituye un elemento de investigación con el que se trata de confirmar fenómenos observados en la naturaleza. Es pura, debido a que se realiza en el hombre relativamente sano, y con sustancias puras, simples o en su estado natural (Sánchez, 1992, pág. 157). En el hombre y no en animales, ya que en estos últimos se desaprovechan los síntomas subjetivos que generalmente provocan los medicamentos en estudio, como las sensaciones, deseos y aversiones, cambios de humor, etc. Además, la constitución del animal es diferente a la humana y, por ende, los resultados de la investigación en una especie no pueden ser aplicados en la otra. En el sano y no en el enfermo, puesto que los síntomas que produce la droga en la experimentación se confundirían con los síntomas de la enfermedad que tiene el experimentador. Y con sustancias no compuestas, sino simples, puras, naturales, para poder conocer los efectos propios de cada una de ellas.

La experimentación en homeopatía se realiza con dos grupos de experimentadores, un grupo toma la medicina a experimentar y el otro placebo (experimentación controlada o de doble ciego). Cada experimentador ingiere en ayunas una dosis de la sustancia a investigar potenciada (por ejemplo, a la 30 C) hasta que se produzcan los primeros síntomas, interrumpiendo entonces su toma. Luego se recopila toda la información de los experimentadores, creándose así la patogenesia del medicamento. La agrupación de todas las patogenesias o medicamentos investigados por medio de la experimentación pura forman la materia médica pura (Hahnemann, 2008, págs. 260-278).

 

4. Individualidad morbosa

El hombre como entidad física, psíquica y social, es totalmente diferente uno del otro, tanto en estado de salud como de enfermedad, y por eso cada quien hace su propia patología, aun compartiendo el mismo nombre nosológico. Por ejemplo, la migraña es diferente en cada enfermo según como se presenten sus modalidades de causa, duración, frecuencia, intensidad, tipo de dolor y síntomas que la acompañan.

En homeopatía, realmente no existen enfermedades, sino enfermos. El homeópata no trata la migraña, sino al enfermo que sufre de migraña. La noción de “enfermo” en vez de “enfermedad” está unido al concepto que se tiene del hombre como un ser holístico o integral. La persona no se enferma en una parte, sino en el todo. No es lógico pensar que se enfermen, por ejemplo, los riñones y el resto del cuerpo esté sano.

 

5. Individualidad medicamentosa

Como cada quien produce su propia enfermedad, lo consecuente es dar un tratamiento diferente o individual a cada enfermo, aplicando la ley de los semejantes. Si, por ejemplo, tres enfermos consultan por migraña, uno podrá ser tratado con Belladonna, otro con Bryonia y el otro con Gelsemium, según sus síntomas.

Para dar el medicamento indicado al paciente es necesario conocer bien los medicamentos homeopáticos, deduciendo los síntomas que caracterizan a cada uno de ellos y que los hacen únicos con respecto a los otros.

Este tratamiento debe ser con un solo medicamento, porque si el hombre se enferma en su totalidad, como unidad, solamente se necesita para conseguir la curación un medicamento que actué en esta unidad, y no uno o varios para cada parte del cuerpo afectado, como si ellas fueran independientes. El medicamento único hace alusión a cada prescripción y no al curso del tratamiento, porque en su evolución pueden cambiar los síntomas y entonces cambiará, necesariamente, el medicamento (Hahnemann, 2008, págs. 376-378).

 

6. Dosis mínima

La dosis mínima es la cantidad más pequeña de medicamento que necesita el paciente para que se dé el proceso curativo, sin o con la menor agravación; preparado homeopáticamente, es decir, por medio de la dilución y sucusión, o la trituración.

Hahnemann vislumbró que los medicamentos preparados así ya no curaban por su masa, sino por la energía o fuerza que se desencadenaba en ellos. Y esto es comprensible porque las diluciones y sacudidas, o las trituraciones sucesivas (aplastamiento continuo y circular en un mortero, de una parte de la sustancia en cien partes de lactosa, durante una hora) generan la disgregación molecular de las sustancias, liberando su energía. Este proceso de diluir y sacudir, o triturar, lo llamó dinamización.

Además, que mientras más se dinamiza el medicamento, más rápido, profundo y permanente es su acción, tanto en los síntomas físicos como en los mentales del enfermo, es decir, en la totalidad de sus síntomas (Hahnemann, 2008, pág. 152).

 

7. Principio vital

Después de encontrar Hahnemann que las sustancias preparadas homeopáticamente se convertían en energía, dedujo que estas tenían que actuar en el cuerpo sobre otra energía que denomina principio vital, ya conocida en la corriente filosófica del vitalismo.

Hahnemann, en el parágrafo 9 del libro “Organón de la medicina”, da a entender que las partes que forma al hombre son: cuerpo o materia: que es la estructura anatómica y fisiológica del ser humano; espíritu: la esencia dotada de razón; y el principio vital, energía vital, vida o alma: la entidad dinámica soberana de las operaciones vitales, que une las dos partes anteriores y le da vida al cuerpo (sin él se descompondría), manteniendo la salud en un estado armónico admirable en sensaciones y funciones, que al desequilibrarse produce la enfermedad y, a su vez, induce el proceso de curación.

Cuando una persona se enferma, primero solo se altera el principio vital, que da luego a conocer su alteración mórbida únicamente a través de los síntomas. A su vez, la desaparición mediante la cura de todos los síntomas, implica la restauración de la integridad del principio vital y, por lo tanto, de la salud de todo el cuerpo (Hahnemann, 2008, págs. 137-142).

En las verdaderas enfermedades, los factores o agentes externos que alteran el principio vital solamente pueden hacerlo de manera dinámica y, de igual manera, únicamente puede ser restablecido por el médico mediante medicamentos dinámicos, percibidos en las terminaciones nerviosas del organismo (Hahnemann, 2008, pág. 144).

 

8. Enfermedades crónicas miasmáticas

Las enfermedades crónicas miasmáticas son estados morbosos constitucionales resultantes de la supresión de los síntomas, que son los mecanismos defensivos de la naturaleza  (Sánchez, 1964, pág. 89).

“¿Por qué se le llama constitucional? Porque es una enfermedad trascendente… La enfermedad crónica miasmática es eso: la enfermedad trascendente, la enfermedad que puede heredarse, la enfermedad que se interna y produce ya no solo una enfermedad, sino un estado de enfermedad, es decir, que ya se vive enfermo de acuerdo con las características de ese padecimiento… La enfermedad crónica miasmática nos predispone a enfermar, pero no solo es eso, es también una enfermedad crónica, un estado de existencia en la patología, un estado de existencia anómalo” (Sánchez, 2012, pág. 34).

Dice Hahnemann que “se originan de un miasma crónico[1], las cuales abandonadas a sí mismas o no dominadas con el empleo de los remedios que les son específicos, siempre van en aumento y empeorándose, no obstante el mejor régimen mental y físico, y atormentan al paciente hasta el fin de su vida con sufrimientos que siempre se agravan (Hahnemann, 2004, págs. 228-229).

Hahnemann refiere solo los siguientes miasmas crónicos o agentes infecciosos crónicos: el de la sarna, que genera una enfermedad crónica que llama psora; el de la gonorrea y las verrugas genitales, que forma otra que denomina sycosis; y el de la sífilis, que establece la enfermedad crónica que nombra con su mismo nombre, syphilis (Hahnemann, 1999, págs. 35-42).

Los tratamientos tradicionales son dirigidos solamente contra la afección externa o el agente causal, descuidando el desequilibrio dinámico interno que se produce después del contagio. Procediendo así, el médico hace que el trastorno interno aumente y el cuerpo tenga que buscar otra vía para manifestarse, que ya no será la piel (pues no se le permite), sino órganos más vitales (Hahnemann, 1999, págs. 40-42).

Según Proceso Sánchez Ortega, estas enfermedades crónicas miasmáticas presentan síntomas con las siguientes características: la psora manifiesta síntomas de carencia o de “hipo”, produciendo en lo funcional hipofunción, en los órganos hipotrofia y en lo mental inhibición; la sycosis genera síntomas de exceso o de “hiper”, provocando en lo funcional hiperfunción, en los órganos hipertrofia y en lo mental expansión; y la syphilis produce síntomas de destrucción o de “dis”, manifestando en lo funcional disfunción, en los órganos atrofia y en lo mental destrucción o agresión (Sánchez, 1983, págs. 75-91).

 

 

[1] La palabra miasma generalmente es definida por los diccionarios como un efluvio dañino que desprenden cuerpos enfermos, materias en descomposición o aguas estancadas. Como en los tiempos de Hahnemann no se habían descubierto los microorganismos patógenos, se utilizaba el término “miasma” para referirse a un “agente contagioso” que generaba enfermedad. Sin embargo, para el fundador de la homeopatía este contagio siempre era de tipo dinámico (Hahnemann, 1999, pág. 59).

 

 

 

Referencias

Hahnemann, S. (1999). Las Enfermedades Crónicas, su Naturaleza Peculiar y su Curación Homeopática. (C. Viqueira, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Tomás P. Paschero.

Hahnemann, S. (2004). El Organón de la Medicina. (D. Flores Toledo, Trad.) México, D. F.: Instituto Politécnico Nacional.

Hahnemann, S. (2008). Organon del Arte de Curar. (R. G. Pirra, Trad.) Buenos Aires, Argentina: RGP Ediciones.

Sánchez, P. (1964). Miasmas Crónicos de Hahnemann. Conferencia llevada a cabo en la Primera Asamblea General de Homeopatía de México (págs. 87-97). México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Sánchez, P. (1983). Apuntes sobre los Miasmas o Enfermedades Crónicas de Hahnemann. Buenos Aires, Argentina: Albatros.

Sánchez, P. (1992). Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica. México D. F.: Novarte.

Sánchez, P. (2012). Miasmas. La Homeopatía de México, 81(677), 31-37. Obtenido de http://www.similia.com.mx/index.php?sec=revista

Ullman, D. (1990). La Homeopatía, Medicina del Siglo XXI. Barcelona, España: Martínez Roca.