Las enfermedades crónicas miasmáticas según Proceso S. Ortega

Por Iván Navas. Agosto 25, 2017

 

Las enfermedades crónicas miasmáticas según Proceso Sánchez Ortega

 

Se desarrollan los siguientes temas:

  1. Definición.
  2. La psora.
  3. La sycosis.
  4. La syphilis.
  5. Fundamentos de la teoría del hipo, hiper y dis.
  6. Utilidades en la semiología y en la clínica de la teoría miasmática de Sánchez Ortega.[1]

 

1. Definición

La enfermedad crónica miasmática es “el estado morboso constitucional resultante de la supresión antinatural o arbitraria de los fenómenos defensivos de la naturaleza que constituyen la enfermedad; es el resultado de suprimir las primo-afecciones o enfermedades primarias” (Sánchez, 1964, pág. 89).

“¿Por qué se le llama constitucional? Porque es una enfermedad trascendente… El miasma es eso: la enfermedad trascendente, la enfermedad que puede heredarse, la enfermedad que se interna y produce ya no solo una enfermedad, sino un estado de enfermedad, es decir, que ya se vive enfermo de acuerdo con las características de ese padecimiento… El miasma nos predispone a enfermar, pero no solo es eso, es también una enfermedad crónica, un estado de existencia en la patología, un estado de existencia anómalo… ¿Hay dentro de la medicina antigua algún concepto semejante? Sí lo hay, aunque abandonado. Rousseau lo llamó diátesis, y lo define como la “predisposición congénita o adquirida”, pero “esencial e invariablemente crónica” en virtud de la cual se sufren o se producen alteraciones múltiples “en la forma, pero únicas en la esencia”. Si volvemos a considerar a los sifilíticos, precisamente se pueden producir muchas alteraciones en ellos, múltiples alteraciones diversas en la forma, pero que provienen de una esencia única” (Sánchez, 2012, pág. 34).

En varios pasajes de sus escritos, Hahnemann da a entender que es diferente el concepto de “miasma crónico” al de “enfermedad crónica miasmática”, como se puede leer al inicio del parágrafo 78 del Organón: “Las enfermedades crónicas reales y naturales se deben a un miasma crónico” (Hahnemann, 2008, pág. 223). Es decir, el miasma crónico es el factor causante de la enfermedad crónica miasmática. Dice Sánchez:

“De acuerdo con Riveros, el estado miasmático psórico, como lo hace ver la proposición, es la existencia con la modalidad psórica; la expresión del ser humano modulada por la condición psórica. A ello corresponderá su forma, fisonomía, actitud persistente, configuración estática y dinámica y la actitud predominante. Ahora bien: todo lo que “sale” de un individuo que existe en el estado miasmático de la psora, capaz de transmitirse, será indudablemente un dinamismo mórbido o “infectante”. En pocas palabras podemos decir: el estado psórico es lo que está en el individuo y el miasma psórico es lo morbífico que produce ese individuo, capaz de transmitirse, que puede ser un virus, un ácaro, como un pensamiento, una subyugación o una seducción” (Sánchez, 1992, pág. 432).

 

2. La psora

La psora es un estado morboso constitucional que:

“El ser humano ha producido a lo largo de sus innúmeras generaciones, en virtud de múltiples supresiones de padecimientos que han constituido sus primo-afecciones. Se consideran como tales las consecuencias de las trasgresiones a las limitaciones que la propia naturaleza le impone al ser humano y que como consecuencia de esas trasgresiones, debe sufrir un reacomodo o series de fenómenos por medio de los cuales el organismo deberá reincorporarse y readaptarse al ritmo vital. Si se impide este trabajo de recuperación se obliga al organismo a contener primero y a transformar después esos fenómenos defensivos que había preparado. Los transforma en intentos ineficaces e incompletos, que terminan ocasionando un equilibrio aparente, que establece nuevas formas de vida, siempre anómalas en mayor o menor grado” (Sánchez, 1992, pág. 423).

“Tratar de dilucidar si el inicio de la trasgresión a la ley o leyes de la naturaleza está en el pensamiento o en la acción es tan hipotético como la concepción del ser humano en virtudes y facultades, pasiones o manifestaciones psíquicas o vitales que inciden su expresión, porque siempre corresponderá esta hipótesis a la postura filosófica del que realice la dialéctica. (Sánchez, 1992, pág. 429)… Hahnemann con su formidable visión de genio aclara e insiste en la poca importancia que debe darse a estas explicaciones o hipótesis desde el parágrafo 2 del Organón y otros más, así como en las enfermedades crónicas. (Sánchez, 1992, pág. 430)… El antecedente de sarna para la producción de la psora lo deja establecido Hahnemann al mismo tiempo que el concepto de la supresión y nosotros lo aceptamos y lo reafirmamos” (Sánchez, 1992, pág. 429).

Según Sánchez, la psora se caracteriza en su esencia por la carencia, en lo funcional por la hipofunción, en los órganos por la hipotrofia, y en lo mental por la inhibición. Con base en estas concepciones se deducen los síntomas, presentando así mentalmente:

“La ansiedad, como el estado de ánimo más característico de la psora; la timidez, pusilanimidad o apocamiento y todas sus derivaciones. La afectuosidad, dulzura o ternura; la afabilidad, indudablemente que tienen una característica muy psórica. La benevolencia, la suavidad, la apacibilidad, la lentitud, lo cuidadoso, lo cauteloso, la simple alegría o buen humor que, como se puede suponer, solo será síntoma cuando sea desacostumbrada. El deseo de compañía, porque el psórico siempre está pidiendo aunque dé, como que da para recibir por necesidad, no por interés; la sensación de soledad. La agravación por el esfuerzo mental, la quejosidad, los temores sobre sí mismo, la constancia, esperanzado, mujeres incapaces para su quehacer, holgazanería, inactivo, indolencia, falta de iniciativa, inseguridad mental, introspectivo, deseo de ocultarse, irritable, la lascivia (que en lo erótico es la contemplación), el deleite contemplativo, meditativo, débil de memoria, negligente para sus negocios, razonable, objetivo, testarudo, obstinado; mejoría por la ocupación, al relajarse, con el reposo de la mente; se compadece de sí mismo, complacido, todo lo pospone para el día siguiente, tradicional, prejuiciado, deseo de estar quieto, reflexivo, tiene remordimientos, reservado, resignado, deseo de jubilarse, sigiloso, falta de auto afirmación, decepción de sí mismo, auto control, seriedad, servilismo, suspirón, tendencia a estar sentado, lentitud, sonriente, la sobriedad, la temperancia, la falta de carácter, los pensamientos persistentes, la tranquilidad, la falta de comprensión para lo que se le expone, la dignidad, el sentimiento de infortunio, el aburridor y el aburrido, el cansancio de la vida, el humor lloroso, la tristeza, espiritualismo exagerado, la condescendencia, etc.” (Sánchez, 1992, págs. 433-434).

Síntomas generales como:

“Tendencia a la anemia, a la analgesia, a la ansiedad física. Agravación por la mañana, por el baño, al aire libre, por el tiempo nublado, por el frío o después del frío (porque siendo débil por su inhibición y carencia, tiende a la frialdad y el frío lógicamente acentúa su mal), tendencia a tener frío, la agravación antes de las funciones fisiológicas (como comer, la menstruación, evacuar, etc.), la agravación por el esfuerzo físico (por ser débil), al ascender, por el movimiento, por el ayuno. La flacidez, la pesadez interna y externa, la estasis congestiva, la irritabilidad de los órganos, la lasitud, la tendencia a tumbarse, a estar acostado, el entumecimiento, la sequedad de mucosas y de piel, las estrecheces, las parasitosis. Los dolores de tipo gradual, dolores como contusos, de entumecimiento, de magulladura, presivo, presionante, como un peso, como torcedura, etc., y todos los que tengan la tendencia a que el paciente se inmovilice, se refugie, se reduzca a su mínima expresión. Los alimentos que prefiere el psórico serán los de más fácil digestión porque la deficiencia de sus órganos le hará sentirse mal con un alimento complejo. Los sueños ansiosos, de caída, de infortunio, desagradables; el adormecimiento matinal; el insomnio por falta de tranquilidad” (Sánchez, 1992, pág. 434).

Y síntomas particulares como:

“En ojos: la caída de los párpados y la pesadez, la insensibilidad, la irritación, la comezón, la dificultad para abrir los ojos; los dolores continuos, tirantes, de lastimadura; la contracción de las pupilas, la estrechez lagrimal, la rigidez, el defecto de acomodación de la vista; o la visión manchada, borrosa, nublada. En oídos: la frialdad, las erupciones, taponamientos, adormecimientos y entumecimientos, la comezón y los dolores ya mencionados. En nariz: la sequedad de la nariz, pesadez, comezón, adormecimiento y entumecimiento, tensión y obstrucción, la frialdad. En otros órganos como la disminución del apetito, la inactividad del estómago y del intestino, la náusea, la vaciedad, la relajación y la ptosis de los órganos abdominales y pélvicos, el malestar general del abdomen y estómago, las venas distendidas del abdomen, la presión hacia abajo del recto; y las evacuaciones especialmente secas, duras, insuficientes, blanquecinas, escasas, pequeñas, dificultosas, tenaces o alargadas. La inactividad vesical, y alteraciones urinarias como la orina en gotas, con chorro débil, por exposición al frío, incompleta, o durante fenómenos como la tos, el esfuerzo, el movimiento; la orina retardada o insatisfactoria, la falta de sensación al orinar. La disminución de los deseos sexuales, o la falta de potencia, la insensibilidad vaginal; las menstruaciones que se agravan por el movimiento, o retardadas, pálidas, escasas, cortas; relajación de los esfínteres. Otros síntomas como la ronquera, el taponamiento de la laringe, la aspereza, el carraspeo, la falta de tono de la voz, la debilidad de la voz. La respiración ansiosa, detenida, impedida, imperceptible, quejosa, áspera, suspirosa, lenta. Tos por el aire frío, al descubrirse, por el baño, en el viento, en invierno, por el movimiento, caminando, por esfuerzos, al subir escaleras, al hablar, bostezando, al acostarse, al contener la respiración o al respirar, antes del escalofrío y durante; durante la dentición, bebiendo, comiendo, antes del desayuno, por eructos, por sequedad, por polvo, como por elongación de la úvula, como por una pluma, por irritación o por irritantes, con comezón en el pecho, seca, tajante, dura, apagada, constante o persistente, presiva, agobiante, corta. Sensación de ansiedad en el pecho, aprehensión, frialdad, falta de leche en nodrizas, las curvaturas anormales de la columna vertebral, la fragilidad de los huesos; las  uñas quebradizas, arrugadas, manchas pálidas; y las erupciones especialmente pruriginosas… Querer acomodar síndromes o entidades nosológicas a la psora o a cualquiera de los tres miasmas resulta indebido (Ver cuadro 8)” (Sánchez, 1992, pág. 435).

 

3. La sycosis

La sycosis es:

“El estado morboso constitucional resultante de la supresión arbitraria y antinatural de los flujos, de las afecciones catarrales y eliminativas, de las secreciones anormales producidas por los excesos. Son los fluidos pecaminosos de la gonorrea contraída por la ambición del placer inherente a las funciones naturales; la consecuencia de hartarse en el placer de la mesa, de la bebida, del abuso del sexo, y de suprimir consecutivamente los esfuerzos de la naturaleza por reintegrarse al orden indispensable para la persistencia. Se evita la eliminación de lo que es el producto del exceso: detritus que se quedan aprisionados en las articulaciones, en la piel o constituyendo neoformaciones o hiperplasias. Es el miasma producto del egoísmo, de la ambición, del placer sin pensar en los demás, con el egoísmo que hace olvidarse de todos y anteponerse uno mismo” (Sánchez, 1983, pág. 83).

Se caracteriza en su esencia por el exceso, en lo funcional por la hiperfunción, en los órganos por la hipertrofia, y en lo mental por la expansión. Presenta síntomas mentales como:

“Ambición constante que lo precipita, y nunca se satisface; le lleva a una inquietud permanente que no es preferentemente psíquica, como la ansiedad psórica, sino que trasciende a todo el organismo, y en lugar de sujetarlo y tenerlo inhibido como en la psora, lo hace moverse constantemente, y no encuentra un lugar adecuado, estando notablemente nervioso. Su humor es alternante o cambiante, distraído (la inestabilidad será su característica), abusivo, afectado y amanerado, que se agrava en general por los regaños, con agilidad mental, sensual y amoroso, irascible, contestando con brusquedad, payaso en su forma de alegría, bromista, regocijado o risa inmoderada, audaz, avaro, tiene disposición biliosa y a veces brutal, es un fanfarrón, petulante y vanidoso, tiene tendencia a afligirse, es impetuoso, impaciente, apresurado, con alucinaciones y asustadizo, sobresaltado, es caprichoso y dictatorial, egoísta, egotista y envidioso, excitable y fantasioso, gesticula y tiende a bailar y cantar, tiene deseos de saltar, puede tener clarividencia, cleptomanía, le puede faltar confianza en sí mismo, puede tener confusión mental, es intolerante a la contradicción, descontento e inconforme, tiene deseos de escapar, es locuaz, hipersensible, histérico, tiene ideas en abundancia, es muy inconstante, en lo sensual llega a ser impúdico y desvergonzado, es muy laborioso e inquieto, es un sujeto quejumbroso en sus dolencias, es miedoso de lo externo, minucioso en tonterías, muy susceptible, es desafiante, tiene tendencia a fantasear y tendencia a hacer reproches” (Sánchez, 1992, págs. 438-439).

Como síntomas generales presenta: obesidad, sensación de calor o caluroso, congestión de la sangre, bochornos, fiebre, hidropesía, tensión, temblor, hipertensión, estados alternantes y cambiantes, y:

“Agravaciones por la tarde o con los cambios de clima, de temperatura; prefiere el fresco, el aire libre; se siente mejor con el movimiento, con los paseos, con el ejercicio. Tiene deseos de cosas condimentadas, ácidas, estimulantes. Le gusta y le son exageradamente placenteras todas las actividades naturales del cuerpo, como comer, evacuar, orinar, etc. Tiene periodicidad en sus padecimientos, también presenta pérdida de desechos que le mejora, tiene intolerancia a las ropas y mejora quitándoselas, el sudor le alivia, pero puede ser exagerado. Es muy sensible a los ruidos, olores y a todos los sentidos, se agrava por el tacto (por su extremosa sensibilidad). Los dolores fundamentalmente son erráticos, punzantes, pinchantes, tironeantes, como sacudidas. Tendencias a descargas por cualquier parte del cuerpo, productivas. Excitabilidad física excesiva, sacudimientos o saltos musculares, alucinaciones sensitivas de cualquier órgano o generales, aumento de la sensibilidad física, latidos parciales o generales, aumento de las funciones normales, exceso de apetito, exceso de sed. Sueños abundantes, sueño inquieto; insomnio por inquietud, por excitación emocional o por susto; sonambulismo” (Sánchez, 1992, pág. 439).

Y síntomas particulares como:

“Vértigos, que son fundamentalmente sycósicos, en especial si son por la tarde, o con sensación de balanceo, como si se elevara, mejorando durante el movimiento, cuando está sentado, parado, repentinos, dando giros, etc. En cabeza: sensaciones anómalas, como si le pasara una corriente de aire a través, de cuerpo extraño, de agrandamiento o de reptación, etc.; hormigueos, congestiones; erupciones secretantes, húmedas, costrosas; calores y sofocaciones; movimiento de la cabeza; diferentes dolores como martilleo, paroxismales. En ojos: aglutinaciones en los párpados, ojos brillantes, condilomas, descargas de todo tipo, párpados granulosos, hiperestesia de la retina, lagrimeo, parpadeos, movimiento constante de los globos oculares, fotofobia, protrusión ocular, pulsaciones, dilataciones de pupilas y temblor, vesículas de la córnea; agudeza visual: colores, brillos, centelleos, chispas, manchas volantes, fuegos, flamas, flashes, brillo, objetos resplandecientes, relampaguee, alucinaciones; gran campo de la visión, diplopía, los objetos le parecen múltiples, movimiento de objetos, temblor de los objetos, movimientos ondulatorios, zigzags, etc. En oídos: sensación de aire y otras sensaciones en general, sensación de soplido, sensación como si la respiración viniera del oído, ruidos, descargas, humedad de los oídos, nódulos, pólipos, cosquilleos, agudeza del oído, etc. En nariz: coriza con o sin descarga; descargas nasales, sensaciones de expansión en el pasaje nasal, hormigueos, sensación de plenitud, calor, alucinaciones olfativas, sudoración, pólipos, etc. En cara: movimiento de las quijadas, congestión de la cara. En boca: hipertrofia de la glándula parótida, elongación de las encías; sensación de agrandamiento de la lengua, excrecencias dolorosas, exudaciones o membranas, protrusión de la lengua, vesículas en la lengua, etc.; rechineo o castañeo de dientes, gran sensibilidad de los dientes. En garganta: hipertrofia de las amígdalas, sensación de cuerpo extraño, formación de membranas y mucosidad, hinchazón, bocio. En estómago: apetito aumentado, deseo de estimulantes y similares, sed, sensación de que algo se mueve en el estómago, sensación de plenitud, distensión del estómago y eructos. En abdomen y recto: borborigmo, gases abdominales, distensión, hipersensibilidad a las ropas en el abdomen, sensación de diarrea, diarreas; evacuaciones biliosas,  blandas, obscuras, copiosas, frecuentes, mocosas, aguadas; humedad  rectal, condilomas rectales. En el aparato urinario: cálculos renales como vesiculares, descargas gonorréicas uretrales; orina urgente, frecuente, turbia, albuminosa, copiosa, densa. En genitales: sensación de burbujas en el pene, condilomas venéreos, erecciones impetuosas, fuertes sacudidas y tirones del pene, descargas seminales copiosas, aumento de la pasión sexual, varicocele; congestiones uterinas, inflamaciones vaginales, leucorrea; menstruaciones adelantadas, abundantes, prolongadas, frecuentes. En aparato respiratorio: en laringe: catarros, mucosidades, exceso de sensibilidad, cosquilleo; expectoraciones: abundantes, viscosas, espumosas, espesas, amarillentas, verdes, etc.; respiración: acelerada, irregular, sonora, ronquidos, estertorosa silbante (Ver cuadro 8)” (Sánchez, 1992, págs. 439-440).

 

4. La syphilis

“La syphilis es el estado morboso constitucional resultante de la supresión arbitraria y antinatural de las afecciones chancrosas y ulcerosas” (Sánchez, 1983, pág. 91).

Se caracteriza en su esencia por la destrucción, en lo funcional por la disfunción, en los órganos por la atrofia, y en lo mental por la destrucción o agresión. Produce en lo mental síntomas como:

“El estado de abstracción mental, la aversión al orden y a la vida, la angustia, la inadaptación, el adulterio, la insatisfacción por todo, el apasionamiento, los deseos de atacar a otros; aversiones de todo tipo: a su esposo o esposa, o a quien se le aproxima, a los niños; sujetos fuera de sí, rabiosos o furiosos, la tendencia a blasfemar, los deseos de morder o ladrar en la rabia o locura, el deseo de aislamiento, separado de su ambiente, la indisposición a platicar y a que le platiquen, la misantropía, la antropofagia, sujetos a los que todo les parece ridículo, despreciativos o destructivos, la tendencia a ridiculizar al prójimo, la agravación por el consuelo, el calumniador, la tendencia a hacer lo contrario de lo que le mandan o dicen, el mal humor, los delirios, la hilaridad desquiciante, la postración mental, la tendencia a hacer muecas, el estado de éxtasis, olvidadizo, el pánico, el odio, la idiotez, la tendencia a estar atareado, el inconsolable, los deseos de matar, o la tendencia al suicidio, el hastío de la vida, las lamentaciones; la lujuria, homosexualidad, sodomía y todas las depravaciones en actos y conceptos; ciertas formas de suspicacia, la crueldad, el humor repulsivo; la aversión a pensar, al trabajo mental o al trabajo; la pérdida de la consciencia, el salvajismo, el anarquismo, la depravación, la toxicomanía, el patético, etc.” (Sánchez, 1992, pág. 443).

Síntomas generales como:

“Las agravaciones por la noche, por el calor, después de dormir; las agravaciones después de comer o de cualquier acto fisiológico normal. El agotamiento fácil, los estados consuntivos, caquexia, la apoplejía, las atrofias glandulares, la formación de abscesos, la formación de caries de los huesos, malformaciones. Estados espasmódicos, convulsivos, epileptiformes, contractivos y constrictivos. Las parálisis, estados degenerativos, la cianosis, estados hemorrágicos, fístulas; estados ulcerativos: destructivos, fagedénicos, gangrenosos. Dolores: excavantes, desgarrantes, taladrantes, ulcerantes, ardientes. Sueño: comatoso, soporoso, demasiado profundo, poco refrescante” (Sánchez, 1992, pág. 443).

Y síntomas particulares como:

“Amaurosis, ceguera, sordera, epistaxis, distorsión de la cara y excoriaciones, olor pútrido del aliento y de toda secreción, aftas, caries de los dientes, encías hemorrágicas. En estómago: pirosis, acidez, vómito, tenesmo; evacuaciones: hemorrágicas, nudosas, mal conformadas. Aversión al coito, erecciones penosas, descargas seminales sanguinolentas, ulceraciones en genitales, tendencias al aborto, metrorragias, esterilidad. Afonía, respiración paroxismal; tos: cruposa, ferina, exhaustiva, violenta, paroxismal. Ardores en la piel; erupciones: gangrenosas, purulentas, supurantes, hemorrágicas, excoriantes y ulceraciones de todo tipo (Ver cuadro 8)” (Sánchez, 1992, pág. 443).

 

5. Fundamentos de la teoría del hipo, hiper y dis

Proceso Sánchez Ortega fundamenta su teoría de que la psora es la carencia o el “hipo”, la sycosis el exceso o el “hiper”, y la syphilis la perversión o el “dis”, en los siguientes razonamientos:

“Toda alteración de la célula y por lo tanto de los tejidos, órganos y del organismo en la totalidad, depende siempre de un trastorno inicial de la nutrición” (Sánchez, 1992, pág. 451). Ya sea que la nutrición celular se realice de manera incompleta, excesiva o pervertida o incorrecta, “cualquiera de estas tres imposibilidades de satisfacer la necesidad adecuadamente, conduce a las disfunciones tan persistentes o tan crónicas como se haya insistido en alterar esa nutrición” (Sánchez, 2003, pág. 322).

“La hiponutrición da una menor actividad y menor manifestación al ser, y su actividad es mermada así como su expresión y su producción, ya sea mental o funcional en otros órganos. La hipernutrición lógicamente produce lo contrario, al principio mayor actividad, mayor productividad, o bien reservas o acúmulos innecesarios que a la larga dañaran al individuo. Pero lo más notable es que el alimento extraño o inadecuado, envenene, dañe de inmediato al organismo y a su manifestación y producción. Surgen de inmediato y así han surgido las hipofunciones, hiperfunciones y las disfunciones; la hipoestesia, la hiperestesia y la disestesia; la hipoplasia, la hiperplasia y la displasia. Y que esto es lo único que encontramos constatable como resultantes de las múltiples afecciones o enfermedades” (Sánchez, 2003, pág. 323).

“Todos los síntomas y todos los signos de cualquier estado de patología, no son sino alteraciones funcionales y a veces estructurales de nuestro organismo… Y las funciones del cuerpo, como las funciones de cada órgano, como las funciones de la mente, no pueden ser alteradas más que en defecto, en exceso o en perversión, exclusivamente. Esto ni siquiera se puede discutir porque está consignado por todos los anatomopatólogos y fisiopatólogos y porque, además, en la clínica no podemos encontrar más que eso” (Sánchez, 2000, pág. 29).

“Estas tres formas de alteración de la patología celular y de la patología orgánica corresponden a cada uno de los grandes miasmas que estableció Hahnemann; el defecto, la falla o la carencia corresponde a la psora; el exceso, la precipitación o la ostentación corresponde a la sycosis, y la destrucción pertenece precisamente a la degeneración sifilítica” (Sánchez, 2012, pág. 37).

“Hahnemann, como ya hemos dicho, conoció la syphilis que se inicia con una distonía integral del sujeto, con una distrofia o lesión destructiva que muestra la tendencia destructiva que se ha establecido en el organismo, y que es anuncio de todo lo que puede ocasionar en todos los órganos y en la totalidad del ser humano. La sycosis de Hahnemann el mismo maestro la caracterizó por la hiperplasia que anuncia la totalidad de la acción patológica como una funcionalidad en hiper también en la totalidad del ser. Todo lo restante que es perteneciente al funcionalismo del hipo corresponde al miasma que intuyó Hahnemann y al que le dio mayor importancia: la psora” (Sánchez, 2003, pág. 323).

 

6. Utilidades en la semiología y en la clínica de la teoría miasmática de Sánchez Ortega

El factor común de las manifestaciones de cada enfermedad crónica miasmática enseñada por Sánchez ortega, da a la semiología y a la clínica homeopática grandes utilidades. Gloria Alcover comenta las siguientes:

En la semiología:

– Ampliar la clasificación de los síntomas con base a su naturaleza morbosa esencial, y distinguir, como hasta ahora nunca se había podido, cuales síntomas son con certeza de carácter psórico, sycósico o syphilítico.

– Reconocer los síntomas que pertenecen a la sycosis o gonorrea secundaria, incluso los síntomas mentales y los de sus descendientes. Igualmente, identificar los síntomas no solo funcionales u orgánicos de la sífilis como hasta entonces se conocían, sino los más profundos de orden psíquico.

– Distinguir los síntomas de carácter latente de cualquier estado miasmático.

– Diferenciar las modulaciones de los síntomas que aparecen al afectarse una misma función natural del hombre por los distintos dinamismos mórbidos miasmáticos. Por ejemplo, la ira modula entre la irritabilidad, la cólera o la rabia, ya sea que tenga un fondo psórico, sycósico o syphilítico, respectivamente.

– Comprender mejor la materia médica al conformar los denominados personoides de cada medicamento, clasificando los síntomas patogenésicos con relación a las tres enfermedades crónicas miasmáticas y sus combinaciones, obteniendo así siete caras del medicamento: psórica, sycósica, syphilítica, psórica-sycósica, psórica-syphilítica, sycósica-syphilítica y psórica-sycósica-syphilítica.

En la clínica:

– Determinar cuál es el miasma predominante para su tratamiento, sin necesidad de tratar primero la psora como el mayor causante de sufrimientos crónicos.

– Conocer la herencia miasmática del paciente por el tipo de muerte, padecimientos y carácter de los ancestros.

– Adquirir mayor certeza frente al pronóstico y a lo que realmente se puede hacer, determinándose por el estado actual de actividad de las tres enfermedades crónicas miasmáticas, ya sea si están activas una o varias y si están mezcladas o no.

– Confirmar que las afecciones degenerativas son siempre el resultado de mezclas miasmáticas en actividad.

– Percibir la rotación miasmática, que si bien no se da siempre, si es perfectamente observable en la mayoría de los casos que poseen varios miasmas latentes, aunque uno sea el predominante. La rotación miasmática se refiere a la aparición, después de dado el medicamento y esperado que obre hasta el final, de una serie de signos y síntomas que tienen las siguientes características: primero, de estabilizarse, presentando el individuo un modo de manifestación muy distinto al anterior, física o mentalmente; segundo, de tener una naturaleza distinta a los signos y síntomas tratados anteriormente por corresponder a un dinamismo mórbido miasmático diferente, y tercero, de ser generalmente manifestaciones anteriores ya conocidas por el paciente, o de sus mismos síntomas latentes, pero ya exaltados o “puestos en primer plano”.

– Diferenciar mejor las enfermedades agudas de las agudizaciones miasmáticas.

– Incluir la interpretación miasmática en las doce observaciones después de la prescripción, trabajo que realizó Sánchez Ortega, agregando además las siguientes observaciones: mejoría corta, que se repite al tomar el medicamento; mejoría corta seguida de agravación de síntomas concomitantes, que se repite al tomar el medicamento indicado; mejoría corta seguida de nuevos síntomas o modalidades, que se repite al tomar un nuevo medicamento; mejoría prolongada y después agravación; y agravación prolongada y después corta mejoría (Alcover, 1985, págs. 10-16).

 

 

[1] Proceso Sánchez Ortega nació en Tulancingo, México, el 2 de julio de 1919. Se graduó como “Médico Homeópata Cirujano y Partero” en 1942, en la Escuela Libre de Homeopatía de México. Fue catedrático en diversas materias en esta institución por 20 años. En 1950 crea la revista “La Homeopatía en el Mundo”, publicación de intercambio internacional; y colaboró en varias publicaciones homeopáticas escribiendo cientos de artículos y ponencias. En 1960 funda la asociación “Homeopatía de México, A. C.”, con la finalidad de estudiar, difundir y practicar la medicina homeopática ortodoxa. Impartió cursos y seminarios en numerosos países como Grecia, Colombia, Venezuela, España, Italia, Argentina, Brasil, Bélgica, Alemania, Francia, Ecuador, India, Uruguay y cuba, entre otros. Publicó los libros: “Apuntes sobre los Miasmas o Enfermedades Crónicas de Hahnemann” editado en 1979, y traducido al inglés, italiano, alemán, francés, holandés, ruso y rumano; “Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica”, editado y publicado por primera vez en 1992, que se ha traducido al italiano, al alemán y actualmente se está traduciendo al inglés; “Traducción y Definición de los Síntomas Mentales del Repertorio de Barthel”, publicado en 2 ediciones, 1996 y 1998; “Aplicación Práctica de la Clínica Integral Homeopática Considerando lo Miasmático”, publicado en el año 2000; y “Apuntes sobre Clínica Integral Hahnemanniana”, publicado en el 2003. Recibió muchas distinciones y condecoraciones nacionales e internacionales. El 16 de agosto de 2002, se develó un busto suyo en el parque central de Tulancingo, Hidalgo, único reconocimiento de este tipo a un ciudadano de esta ciudad. Proceso Sánchez Ortega falleció en su casa, rodeado de su familia y discípulos, el 16 de octubre de 2005, trasladándose sus restos mortales a su natal Tulancingo (Francois, 2007, págs. 267-277).

 

 

 

Referencias

Alcover, G. (1985). Conceptos Doctrinarios y Observaciones Clínicas en la Medicina Homeopática Introducidos o Desarrollados por el Maestro Proceso S. Ortega. México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Hahnemann, S. (2008). Organon del Arte de Curar. (R. G. Pirra, Trad.) Buenos Aires, Argentina: RGP Ediciones.

Sánchez, P. (1964). Miasmas Crónicos de Hahnemann. Conferencia llevada a cabo en la Primera Asamblea General de Homeopatía de México (págs. 87-97). México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Sánchez, P. (1983). Apuntes sobre los Miasmas o Enfermedades Crónicas de Hahnemann. Buenos Aires, Argentina: Albatros.

Sánchez, P. (1992). Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica. México D. F.: Novarte.

Sánchez, P. (2000). Curso de Puntualización de Clínica Integral Considerando lo Miasmático – Puebla, Puebla, 1992. En P. Sánchez, Aplicación Práctica de la Clínica Integral Homeopática Considerando lo Miasmático (págs. 1-61). México D. F.: Homeopatía de México A. C.

Sánchez, P. (2003). Apuntes sobre Clínica Integral Hahnemaniana. México D. F.: Corporativo Grupo Balo.

Sánchez, P. (2012). Miasmas. La Homeopatía de México, 81(677), 31-37. Obtenido de http://www.similia.com.mx/index.php?sec=revista