Las enfermedades crónicas miasmáticas según otros homeópatas

Por Iván Navas. Agosto 25, 2017

 

 

Se estudian los siguientes médicos homeópatas:

  1. James Kent.
  2. Henry Allen.
  3. Ghatak.
  4. Herbert Roberts.

 

1. James Kent

 

Las enfermedades crónicas miasmáticas según Kent

 

James Tyler Kent (médico norteamericano, 1849 – 1916), publicó en 1897 el “Repertorio de Kent”, aparentemente el único libro que escribió, ya que tanto el libro “Filosofía Homeopática” como la “Materia Médica Homeopática” fueron apuntes de clases tomados por alumnos, revisados luego por él. Escribió, si, muchos artículos, la mayor parte de ellos publicados en el libro “Escritos Menores, Aforismos y Preceptos” (Goldberger, 1993, pág. 61).

Kent comparte con Hahnemann el concepto de que las enfermedades crónicas miasmáticas se originan de agentes infecciosos, y subraya la necesidad de la susceptibilidad para contraerlas:

“La psora no podría existir, a no ser por una condición del género humano favorable a su desarrollo, al igual que la syphilis. Siendo la psora la primera y las otras después, es justo que indaguemos cual es el estado de la raza humana que sería adecuado para el desarrollo de la psora. Debe haber existido un estado en la raza humana favorable al desarrollo de la psora: no podría haberse implantado en una raza perfectamente sana. Debe haber existido alguna enfermedad anterior a este estado que reconocemos como el miasma crónico de la psora, algún estado de desorden… Mientras el hombre continuaba pensando lo que era verdad y mantenía aquello que era bueno para su vecino, lo que era de derecho y además justo, el hombre quedó sobre la tierra libre de la susceptibilidad a la enfermedad porque tal era el estado en que fue creado. Mientras permanecía en este estado y conservó su integridad, no era susceptible a la enfermedad y no emitía ninguna aura que pudiera causar contagio; pero cuando el hombre empezó a desear las cosas que eran el resultado de un falso pensamiento, entró en un estado que correspondía perfectamente con el suyo interior[1]” (Kent, 1992, págs. 183-184).

Afirma, además, que la susceptibilidad de la psora nace desde el “mal primitivo” de la raza humana. Algunos médicos han relacionado esta aseveración con el “pecado original”, pero no necesariamente lo primero hace referencia a lo segundo. Los conceptos religiosos de Kent están basados en Swedenborg y este filósofo niega el pecado original, que considera una alegoría, interpretando a Adán y Eva no como personas reales, sino como un nombre colectivo, un pueblo (Möhler, 2000, pág. 584).

Sostiene que “la psora es el principio de toda enfermedad física. Si la psora no se hubiera establecido como un miasma sobre la raza humana, las otras dos enfermedades crónicas no hubieran podido existir, y la susceptibilidad a las enfermedades agudas no hubiera existido” (Kent, 1992, pág. 172). Sin embargo, Hahnemann, en ninguno de sus escritos afirma que sin psora no habrían podido existir las otras dos enfermedades crónicas. Siempre se refiere a ellas de la misma manera con respecto a su origen (contagioso) y a su desarrollo. Dice en el parágrafo 40 del Organón: “Un enfermo venéreo puede padecer además sarna y viceversa” (Hahnemann, 2008, pág. 169).

Asegura que los miasmas crónicos se heredan o contagian en el periodo en el que se encuentran (Kent, 1992, pág. 191), diferenciándose de Hahnemann, que dice que solamente los síntomas primarios de las enfermedades crónicas manifestados en la piel pueden propagar la enfermedad a otras personas; y que, por el contrario, los síntomas secundarios que surgen después de suprimir los síntomas de la piel, no transmiten la enfermedad a otros (Hahnemann, 1999, pág. 65).

“Los libros hablan del contagio primario como único contagio en relación con el miasma syphilítico, pero voy a deciros algo acerca de esto. Suponed que tomamos el miasma syphilítico en una enfermedad que ha recorrido un tiempo definido; suponed que un individuo haya pasado por las manifestaciones primarias y al que su médico le dice ahora que puede casarse con toda seguridad; si se casa, su mujer llegará a ser una inválida; pero ella no pasa las manifestaciones primarias, la lesión inicial y la roséola, y no obstante, presenta sifiloderma, y los síntomas que pertenecen al período o grado último de la enfermedad. Esta enfermedad se ha transmitido del marido a la mujer, y se ha contagiado en el grado en que existía entonces, y desde allí ha ido progresando en su camino… Esto ocurre igualmente con la psora y la sycosis. No ocurre esto con los miasmas agudos, pero los tres miasmas crónicos efectúan el contagio en la forma en que existen a tiempo de contraerlo[2]” (Kent, 1992, págs. 191-192).

Debido a esto, el retorno de síntomas en el proceso curativo no se produce hasta la lesión primaria (chancro, flujo gonorreico o la lesión en piel), sino que acaba en el estado que tenía en ese momento la persona de quien se contagió (Kent, 1992, pág. 203).

Respecto a la existencia y actividad de dos o tres miasmas en un mismo enfermo, afirma:

“Es posible el que dos enfermedades diferentes ocupen, por decirlo así, dos diferentes rincones de la economía, manifestándose una mientras la otra está dominada o suspendida. También notamos cómo existen en un estado de complejidad. En el primer caso, no combinan; en el otro, combinan y se hacen complejas… Si se administra al paciente el tratamiento adecuado, su condición se simplificará, pero si se le da el tratamiento de la escuela antigua, se complicará mucho. Los dos miasmas se unirán y formarán una complejidad, dando lugar a un estado deplorable, a un verdadero círculo vicioso; entonces las erupciones syphilíticas picarán (la erupción syphilítica, sin complicación, no irrita, y la erupción psórica, como regla general, da comezón), aun teniendo toda la apariencia de syphilis, como si fuesen erupciones psóricas. El Mercurio en grandes dosis es capaz de efectuar este resultado. El tratamiento homeopático adecuado efectuará una separación, mientras un tratamiento impropio causará una complicación y nunca se verá una mejoría donde los remedios homeopáticos hayan causado una ligadura en la combinación” (Kent, 1992, págs. 153-155).

Kent está de acuerdo con Hahnemann en que debe tratarse primero el miasma en actividad, el predominante:

“Existen casos en los cuales dos enfermedades crónicas parecen alternar una con la otra; parece que la una está suprimida mientras que la otra prevalece. Bajo un tratamiento homeopático adecuado, una será reducida en sus actividades mientras la otra se manifestará. Hallaréis ser este el caso, cuando hayáis que tratar syphilis y psora a la vez. Un paciente psórico, que padecía una erupción cutánea, o alguna de las varias formas de psora, contrae syphilis. Todas las manifestaciones  psóricas, comezón nocturna, dermatosis reumática, etc., desaparecerán, y la erupción syphilítica saldrá a tomar su lugar. Trataréis las manifestaciones syphilíticas por algún tiempo, y os será posible dominarlas o suprimirlas, y en la proporción en que la enfermedad esté dominada, surgirán de nuevo las manifestaciones psóricas y mantendrán en suspensión aquella parte del estado syphilítico que queda todavía sin curar. Entonces se estará obligado a dejar el tratamiento antisyphilítico, y encargarse del tratamiento antipsórico, y otra vez los remedios homeopáticos aparentemente volverán a establecer el orden en la economía. Pero después de que haya sido ejecutado esto, se sorprendería uno al ver reaparecer el estado syphilítico, en la condición que corresponde a su última manifestación. Entonces hay que dejar el tratamiento antipsórico y reanudar el tratamiento antisyphilítico. De esta manera alternan; cuando se debilita una, la más fuerte surge… Al tratarlas, el grupo que ha sido eliminado último, reaparecerá de primero, lo cual demuestra que el remedio ha hecho su efecto, y entonces seguimos con el próximo, y así sucesivamente, los diferentes grupos apareciendo uno tras otro en forma distinta. Deben desaparecer en el orden inverso al de su aparición, como si estuvieran puestos en capas, una encima de otra… Esto está de acuerdo con la ley fija” (Kent, 1992, págs. 152-155).

 

2. Henry Allen

 

Las enfermedades crónicas miasmáticas según Henry Allen

 

Henry Allen (médico norteamericano, 1854 – 1925), en 1906-7 publica “Los miasmas Crónicos” en dos volúmenes: “Psora y Pseudopsora”  y  “Sycosis”.  Aunque asevera que solamente existen los tres miasmas enunciados por Hahnemann, en toda su obra “describe otra especie de miasma: una imbricación de la psora y de la syphilis que él llamo “pseudopsora”. Esta enfermedad tiene síntomas de la psora, síntomas de la syphilis y síntomas propios, por lo cual es casi un cuarto miasma” (Goldberger, 1993, pág. 66). Ella puede afectar cualquier parte del organismo, pero su acción por excelencia la ejerce en el aparato respiratorio. Por eso los franceses hicieron coincidir la pseudopsora con el tuberculinismo.

Para Allen, el origen de la psora está en el pecado original, es la causa y no la susceptibilidad:

“El pecado es el padre de todos los miasmas crónicos además de ser el padre de la enfermedad. Nunca se pensó que la enfermedad pudiera tener cualquier otro origen. El hombre fue desobediente y por su desobediencia vino la enfermedad. El pecado se pagó con la muerte. La naturaleza puede, en cierto modo, ayudar a realizar la enfermedad en el hombre, pero la naturaleza no se convirtió en su enemiga hasta después de su caída. Además, ¿por qué culpar al clima, a los elementos, a las bacterias o microorganismos cuando el creador nos ha dicho llanamente que el pecado está detrás de todos los males de que el hombre es heredero? (Allen, 1978, pág. 43)… La psora es la insignia de la desobediencia y del pecado; por eso todos los procesos de la enfermedad deben participar de ella o de lo contrario no pueden entrar allí” (Allen, 1978, pág. 158).

Considera una dirección de la enfermedad según la cual primero se enferma la mente y después el cuerpo:

“Es por medio de la mente que el cuerpo peca; además es frecuente que por su intermedio se enferme. Esto es verdad en la mayoría de los casos provenientes de la lujuria. El hombre piensa, desea, acciona, y de ese trío vienen las manifestaciones físicas visibles de la enfermedad venérea. La mente es la vice regente del cuerpo, el gobierno, el poder regulador” (Allen, 1978, pág. 54).

En cambio, Hahnemann afirma que mente y cuerpo enferman simultáneamente, ya que la energía vital se desequilibra a la vez en su totalidad. Dice: “A través de la expresión morbosa que perciben nuestros sentidos se expresa al mismo tiempo toda la transformación interna, es decir, toda la alteración mórbida de la dynamis interna y se revela toda la enfermedad” (Hahnemann, 2008, pág. 142).

Difiere de Hahnemann al afirmar que la sarna y otras afecciones de la piel son consecuencia de la psora y no su causa. Explica Allen: “Nosotros creemos, por eso, que la sarna no era todo lo que concebía (Hahnemann) como psora, sino que era simplemente una forma o una manifestación de la psora, o, en otras palabras, la sarna era una de las manifestaciones secundarias de la psora” (Allen, 1978, pág. 162).

Divide las enfermedades crónicas miasmáticas en tres periodos o grados de acción: primaria, secundaria y terciaria, y sostiene:

“Los miasmas los reconocemos en su expresión secundaria o terciaria o lo que viene bajo lo que se conoce como lesión, porque toda la anatomía patológica se origina de las manifestaciones secundarias o terciarias de los miasmas. La acción primaria no tiene lesión, es funcional. Es solamente reacción que da expresión, forma física o génesis de cualquier clase. Lo que nosotros estamos habituados a llamar primario es realmente secundario” (Allen, 1978, pág. 48).

Dice que “los miasmas agudos como la gripe, malaria, fiebres exantemáticas y todas las enfermedades infecciosas y contagiosas no pueden ligarse ni se ligan a la fuerza vital independientemente de los miasmas. Debe haber un miasma básico (crónico)” (Allen, 1978, pág. 85). Pero así como en los escritos de Hahnemann no se encuentra ninguna afirmación de que sea necesaria la psora para la existencia de los otros dos miasmas crónicos, tampoco refiere la necesidad previa de algún miasma crónico para que se manifiesten las enfermedades agudas. Para Hahnemann, la susceptibilidad a estas enfermedades no era exclusivamente de tipo miasmático, sino se daba, además, por factores externos como el clima, el aseo, la alimentación, los vicios, los tratamientos alopáticos, etc. Aunque se sobrentiende que actualmente nadie se libra de lo miasmático, no quiere decir esto que sea necesaria su presencia para enfermar en lo agudo.

De acuerdo con Hahnemann (“Las Enfermedades Crónicas”, parágrafos 249 al 253), sostiene:

“Cuando los miasmas crónicos latentes han sido despertados de su sueño por la acción violenta de algún miasma agudo como la fiebre tifoidea, gripe, escarlatina, etc., a menudo a su término dejan lo que se conoce como procesos secundarios o secuelas que se supone se deben a la enfermedad aguda. Pero no es así. Son procesos secundarios o terciarios de los miasmas crónicos que han sido descuidados en el tratamiento del miasma agudo. El miasma agudo se limita en su acción porque en un periodo fijo desaparece. Por eso su no desaparición y la aparición de la enfermedad secundaria se deben a la base miasmática crónica que ha existido previamente en el organismo” (Allen, 1978, pág. 83).

Según Allen, en las enfermedades epidémicas y en las miasmáticas agudas debe tratarse el miasma subyacente y no en sí la enfermedad aguda, concepto que es contrario a Hahnemann y a Kent:

“En el caso anterior, estamos obligados a elegir un remedio que cubra el miasma crónico para contrarrestar este proceso que, hasta ahora, ha sido descuidado y que pudo evitarse si, en el primer momento o al comienzo del caso, hubiéramos basado nuestra prescripción sobre la sintomatología del miasma crónico o principio básico subyacente. Este pensamiento puede ser ilustrado por un caso de escarlatina en el que se indicó Belladonna la que fue dada mucho después de su periodo de utilidad y el resultado fue un absceso en el oído medio. Si hubiéramos mirado más profundamente habríamos visto Sulphur, Silicea, Psorinum o algún otro actuante miasmático que hubiera cortado este proceso secundario o terciario y al mismo tiempo hubiera mitigado, sino abortado, la enfermedad aguda” (Allen, 1978, pág. 84).

Para Allen, la totalidad sintomática a tratar debe ser del miasma actuante presente o predominante. Dice:

“El verdadero médico no basaría su prescripción en nombres patológicos, sino que irá más profundamente y reunirá los síntomas de la psora o del miasma actuante presente y, alrededor de ese agrupamiento mórbido, atajará al proceso de la enfermedad en su origen dinámico” (Allen, 1978, pág. 37).

El primero que dio síntomas mentales a cada miasma fue Allen (Hahnemann solamente refiere síntomas mentales en la psora), quien afirma: “Naturalmente que todos los miasmas son capaces de producir síntomas mentales y que muchos de esos síntomas se deben a una combinación de miasmas. Un síntoma miasmático mental es como un síntoma miasmático de cualquier parte del organismo” (Allen, 1978, pág. 57).

De la página 187 a la 328 del libro “Psora y Pseudopsora” (en total contiene 330 páginas), Allen da una lista de síntomas de la psora y de las demás enfermedades crónicas miasmáticas, pero no explica el porqué de la inclusión de cada uno de ellos dentro del miasma respectivo, lo que hubiera permitido clasificar los síntomas que no fueron enlistados.

 

3. N. Ghatak

 

Las enfermedades crónicas miasmáticas según Ghatak

 

Ghatak, médico hindú, autor del libro “Enfermedades Crónicas, su Causa y Curación”, afirma que la psora es la susceptibilidad a enfermar: “La psora prepara al hombre para todas las enfermedades, aun para la sycosis y syphilis, y la sycosis y syphilis respectivamente, le dan la tendencia a tipos específicos de enfermedades… Cada una tiene su propia peculiaridad” (Ghatak, 1982, pág. 65).

La causa de la psora es el mal pensamiento. Ella va del centro a la periferia, de la mente al cuerpo, nace del mal pensamiento, que es como un prurito mental y se manifiesta externamente en un prurito físico. “Sarna y enfermedades de la piel son algunas de las manifestaciones de la psora.  Psora es la causa y la sarna y las enfermedades de la piel sus efectos” (Ghatak, 1982, pág. 17). La syphilis y la sycosis van de la periferia al centro, del cuerpo a la mente, se contagian del exterior y van hacia el interior. Son originadas por la supresión de la descarga gonorreica o del chancro (Ghatak, 1982, pág. 64). Concluyendo, la psora tiene un origen mental y los otros dos miasmas un origen infeccioso. Para Hahnemann, en cambio, los tres miasmas son de origen infeccioso.

Dice Ghatak: “En un paciente puramente psórico, o en un paciente donde predomina la psora, hay desórdenes, pero estos desórdenes son siempre desórdenes funcionales de partes de los órganos involucrados, y jamás son desórdenes de la estructura de estos órganos” (Ghatak, 1982, pág. 206). Es evidente que lo que este autor refiere como psora, no es más que el estado psórico latente de Hahnemann, ya que es en este estado donde hay desórdenes de tipo funcional y no en la estructura. Si lo dicho por Ghatak fuera cierto, ¿Cómo es posible que una alteración crónica de la función deje inalterada la estructura del órgano? Sánchez al respecto afirma: “Sin embargo, es necesario recordar que todo lo carencial cuando progresa llega lógicamente a la mortificación por la desnutrición, la anemia, la anoxia, etc. Posiblemente se confunde la no degeneración con la imposibilidad de lesión” (Sánchez, 1992, pág. 429). Según Sánchez, la psora produce en los órganos hipotrofia, la sycosis hipertrofia y la syphilis distrofia.

Ghatak hace una lista de medicamentos antipsóricos, antisycósicos y antisyphilíticos, y dice que para tener un concepto sintomático general de cada miasma es más fácil por medio del estudio de los tres tipos de medicamentos miasmáticos que por el estudio del paciente, que fue el método utilizado por Hahnemann (Ghatak, 1982, págs. 191-195).

“Nunca sucederá, que los tres miasmas torturen por igual a su paciente a un mismo tiempo, mientras por el contrario, la regla es que uno de los miasmas lo torture más, mientras que los otros están comparativamente latentes” (Ghatak, 1982, pág. 131). Hahnemann, al contrario, afirma que pueden estar activos dos o los tres miasmas simultáneamente, correspondiendo estos casos, según Sánchez, a las enfermedades degenerativas e incurables.

Por último, sostiene Ghatak:

“La ley de prescripción de un caso crónico es que se deberá seleccionar “la medicina indicada por la totalidad sintomática del miasma predominante, y no la medicina indicada por la totalidad de los síntomas de todo el caso”. En suma, “la prescripción debe ser miasmática”, y no de otro modo”  (Ghatak, 1982, pág. 132).

 

4. Herbert Roberts

 

Las enfermedades crónicas miasmáticas según Herbert Roberts

 

Herbert Robert (médico norteamericano, 1868 – 1950), autor del libro “Los Principios y el Arte de la Curación por Medio de la Homeopatía”, da una nueva concepción a la teoría de los miasmas. Analizando los medicamentos antipsóricos agrupados por Boenninghausen (50 medicamentos), de los cuales 33 pertenecen al reino mineral, observó que entre ellos están los 30 elementos químicos que han sido estudiados como presentes en el cuerpo humano, muchos esenciales para la construcción física. De ahí postuló su hipótesis de que la “psora y la deficiencia en esenciales adecuadamente balanceados, son una sola cosa” (Roberts, 2003, pág. 249), porque esta deficiencia produce síntomas que son semejantes a los síntomas patogenésicos de los medicamentos antipsóricos. Por ejemplo, la deficiencia de calcio en el cuerpo que afecta el tejido óseo y la sangre, y los medicamentos del grupo de la Calcarea, indicados en condiciones escrofulosas, en niños desnutridos, en casos de fontanelas abiertas, y en una serie de síntomas típicos de la psora (Roberts, 2003, pág. 253).

“No es la sobrealimentación o la inanición de cualquier elemento lo que nos provee del problema psórico, sino la perturbación sutil funcional con muchas sensaciones” (Roberts, 2003, pág. 250)… “Sin duda alguna hay algunas fallas esenciales del sistema para asimilar los materiales constructivos necesarios que proveen el origen del rasgo que denominamos psora” (Roberts, 2003, pág. 249), desarrollados por factores emocionales, hábitos de respiración inadecuados, ambientes no naturales o desagradables, la supresión de la transpiración natural, etc. (Roberts, 2003, págs. 249-254).

Todos los elementos químicos comprendidos en los medicamentos antipsóricos (a excepción de Baryta, Platina y Aurum) tienen un peso atómico bajo, lo que permite que formen parte del cuerpo. Los elementos con un peso atómico alto son radiactivos y no pueden incluirse en la construcción del cuerpo, pues son esencialmente destructivos. A estos pertenecen los medicamentos antisyphilíticos (Roberts, 2003, págs. 246-248). Aquellas sustancias de pesos atómicos más bajos pero que poseen propiedades syphilíticas como el Natrum Muriaticum, son destructivas ya que la dinamización hace que éstas se tornen radiactivas (Roberts, 2003, págs. 285-286). Los medicamentos antisycósicos también caen dentro del grupo de elementos constructores del cuerpo, pero con predominio de las denominadas sales dobles (Roberts, 2003, pág. 298).

De estos razonamientos concluye que la psora es la carencia, la syphilis es la destrucción, y la sycosis es la sobre-construcción:

“Mientras el paciente psórico no puede asimilar los suficientes elementos… el paciente sycósico es tan susceptible a los elementos constructivos que asimila tanto hasta un punto de sobre-crecimiento de los tejidos (Roberts, 2003, pág. 297)… y la syphilis es el único miasma que realmente destruye el tejido viviente” (Roberts, 2003, pág. 284).

Como Kent y Ghatak, plantea que la psora es la madre de todas las enfermedades (Roberts, 2003, pág. 234). La sífilis y la blenorragia son enfermedades infecciosas de una naturaleza específica que cuando se suprimen dan origen a los miasmas. Asimismo, persiste la noción de coito impuro y hace hincapié en la “actitud mental” del individuo como predisponente al contagio (Goldberger, 1993, págs. 68-69). Dice:

“La sífilis se supone que se contrae del coito impuro. Mucha de la susceptibilidad y de la disminución de la defensa hacia el veneno específico se desarrolló y se mantuvo por la actitud mental del individuo, y eso, en su inicio, es una violación de los estándares morales y, por lo tanto, reacciona sobre la vitalidad y la disminuye” (Roberts, 2003, pág. 261).

Afirma, igual a Ghatak, que “la psora sola nunca causa cambios estructurales” (Roberts, 2003, pág. 238)… “La acentuación de la psora es funcional; la acentuación de la syphilis es ulcerativa; la acentuación de la sycosis es la infiltración y los depósitos” (Roberts, 2003, pág. 303).

Da una lista de síntomas y características de cada miasma, pero sin decir el por qué o la base de su clasificación. A diferencia de Sánchez Ortega, no basó su clasificación en lo que tan claramente había deducido.

Como los anteriores autores, dice que se deben tratar primero los síntomas del miasma predominante:

“Cuando consideramos un caso con los tres miasmas mezclados, siempre hay uno que es el más prominente, y éste será el que requiere de alivio; cuando éste se alivia, el siguiente en prominencia debe tratarse, hasta que el paciente se encuentre liberado de la herencia de generaciones” (Roberts, 2003, pág. 304).

 

 

[1] El mal pensamiento explica la susceptibilidad que llevó y que lleva a enfermar al hombre, pero no a las plantas ni a los animales, pues ellos no tienen mal pensamiento. La susceptibilidad es provocada, también, por otros factores externos (porque el mal pensamiento es externo, pertenece al espíritu) como una alimentación deficiente, climas desfavorables, hábitos nocivos, etc.

[2] Considero que lo que Kent refiere como un contagio del miasma en su estado secundario es realmente el estímulo que un conyugue da al otro, haciendo que en este último cambie su estado miasmático de latencia a manifiesto. Si lo que dice Kent fuera cierto, las parejas serían casi miasmáticamente iguales, y en la clínica no se observa este hecho.

 

 

 

Referencias

Allen, H. (1978). Los Miasmas Crónicos. Psora y Pseudopsora. Buenos Aires, Argentina: Albatros.

Ghatak, N. (1982). Enfermedades Crónicas, su Causa y Curación. Buenos Aires, Argentina: Albatros.

Goldberger, R. (1993). Más sobre Miasmas. Acta Homeopathica Argentinensia, 7(44), 55-108.

Hahnemann, S. (1999). Las Enfermedades Crónicas, su Naturaleza Peculiar y su Curación Homeopática. (C. Viqueira, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Tomás P. Paschero.

Hahnemann, S. (2008). Organon del Arte de Curar. (R. G. Pirra, Trad.) Buenos Aires, Argentina: RGP Ediciones.

Kent, J. (1992). Filosofía Homeopática. New Delhi, India: Jain Publishers.

Möhler, J. (2000). Simbólica. Madrid, España: Ediciones Cristiandad.

Roberts, H. (2003). Los Principios y el Arte de la Curación por Medio de la Homeopatía. New Delhi, India: Jain Publishers.

Sánchez, P. (1992). Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica. México D. F.: Novarte.